Había entrado en la sala a escasos segundos de que empezara la película. A buen paso, y medio a tientas, intenté encontrar mi butaca procurando perder la menor cantidad posible de palomitas por el camino. El Gran Hotel Budapest estaba a punto de empezar. La luz iba descendiendo en intensidad, pero por suerte alcancé a mirar hacia atrás desde mi segunda fila y pude ver al público tan distinto que iba a compartir la película esa noche. La imagen era de lo más variopinta  y eso, os confieso, me dio que pensar. ¿Quién diablos es Wes Anderson? Y lo más interesante: ¿cómo ha conseguido que toda aquella gente diferente vaya  a disfrutar de su obra?

Al repasar su filmografía e informarme un poco sobre quién es este tipo, he llegado a dos conclusiones. Primera: pretende hacer buenas películas, pero le gusta más hacer películas estéticamente buenas; segunda: Wes, como buen artista, juega con recursos y señales que permiten al espectador identificarle en  cada una de sus obras. En casi todas repite estos elementos, y es que, como él suele decir,  “yo me repito, pero nunca me reitero”.

 

 1.       COLORES CÁLIDOS. Y MUCHO AMARILLO, POR FAVOR.

Que el amarillo es un color que le entusiasma es algo que se evidencia en todos y cada uno de sus films. Si no se ofrece en el vestuario, será en los decorados o incluso en la fantástica tipografía cuasi-ológrafa, que nos va acompañando a través de sus historias o hasta en los créditos.  Esto se puede apreciar en Fantástico Mr. Fox. Toda la película tiene un cromatismo cercano a los amarillos, naranjas y colores tierra; como si de una película filmada en Redscale se tratara.

 

 

2.       FILTROS Y LOMOGRAFÍA. ¿PURA FOTOGRAFÍA O FOTOGRAFÍA PURA?

Si eres devoto de instagram y del filtro Valencia, está demostrado que Wes Anderson es tu director de cine de cabecera. La fotografía es ingeniosa y depurada en cada uno de los planos. Sigue las reglas clásicas de composición: menos es más, las líneas de la fotografía nos llevan al punto donde quiere centrar nuestra atención, respetar los tres tercios a lo alto del plano (es decir, de arriba abajo, se ve una transición perfecta que respeta ese principio básico) y algunas más de las que ya hablaremos otro día. El caso es que Wes en esto es muy ortodoxo, y así consigue que, los que somos muy fans de la fotografía en el cine, nos enamoremos en seguida de sus obras. Bueno, también tiene mucho que ver en esto el fantástico Robert. D. Yeoman, director de fotografía que acompaña a Wes en todos sus proyectos.

 

3.       LA SIMETRÍA ES BELLEZA

Y esto no lo digo sólo yo. Ya los griegos clásicos defendían que las matemáticas y la belleza estaban hermanadas. En la escuela pitagórica, por ejemplo, notaron que los objetos que poseen simetría son más llamativos. La arquitectura griega clásica está basada en esta imagen de simetría y proporción. Luego ya Platón hizo una abstracción del concepto, pero eso es irnos por las  ramas. Lo simétrico es agradable al ojo humano. ¿Por qué hay rostros que consideramos más bellos que otros? Una de las razones es que nuestro cerebro percibe como rostros bellos los de facciones simétricas.

Wes Anderson, que va un paso por delante, se ha dado cuenta de todo esto. Wes quiere películas buenas, historia buenas; pero no descuida jamás la belleza de las películas. Al fin y al cabo, no olvidemos  que el cine es un arte.

Para que podáis haceros una idea de su obsesión con la simetría en los planos (a partir de un eje central vertical), así como de los puntos de fuga (sobre todo cuando encuadra a dos personajes en el mismo plano), os dejo una prueba en video y libre de spoilers. Disfrutadla.

 

4.       PLANOS CENITALES. DESDE EL CIELO MUCHO MEJOR.

Que la simetría le mola a Wes Anderson ya nos ha quedado claro, pero es que ése no es su único recurso favorito. Compite bastante cerca el plano cenital; vamos, la cámara graba desde el techo mirando hacia el suelo. Maletas que se abren y nos enseñan su contenido, platos de comida (véase el estilo instagram del punto 2) y  personajes tumbados son los más recurrentes; pero os aseguro que sorprende con muchos más.  Aquí os dejo un ejemplo.

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5. ¿LUGAR Y TIEMPO? ESO ES LO DE MENOS.

Algo que caracteriza a la generalidad de sus films es que, sin llegar a catalogarse de fantasía, la localización espacio-temporal es tremendamente difícil de detallar. El vestuario suele ser uno de los puntos clave en todo esto. Pero Wes nos lo pone complicado: emplea ropa monocromática y centra la atención en los accesorios, con la finalidad de caracterizar al personaje, ya no tanto de ubicarnos en el tiempo y espacio. Con Wes tenemos que conformarnos con aproximarnos de manera imprecisa a la ubicación; puede que la historia haya sucedido hace unas décadas, hoy mismo, o incluso que pertenezca a dentro de 20 años. Quién sabe.

6. LOS MUNDOS FANTÁSTICOS DE WES

Las películas de Anderson tienen un valor narrativo que lo diferencia radicalmente de cualquier otro director. Posee una habilidad para sumergir a la audiencia en sus mundos fantásticos, lugares nunca vistos, atractivos; donde el espectador ve cómo se desenvuelven los personajes. Los espacios pueden percibirse como absurdos, pero se comprenden al complementarlos con su relación con los personajes; ya que los escenarios son el reflejo de la psicología interna de cada uno de ellos. Pero, a la vez, la artificialidad provoca cierto grado de distancia. Con todo esto, Anderson junta los elementos necesarios para que el espectador disfrute de sus personajes, ya no riéndose de ellos y de sus imperfecciones, sino riéndose con ellos. Busca la relación con esas personalidades especiales y únicas; los personajes protagonistas de sus films fabrican universos propios donde son el centro de atención y donde,  habitualmente de forma rebelde y testaruda, viven haciendo lo que quieren.

 

Creo que Wes Anderson ha conseguido crear su propio universo, no podemos clasificarle en un estilo concreto de cine. Los fotogramas de sus películas huelen a él. Es lo que se suele llamar cine de autor. Y ahí reside su magia. Quizá es por eso por lo que aquella noche nos reunimos toda aquella gente tan distinta para ver El Gran Hotel Budapest. Quizá es por todo esto por lo que, al encender las luces y salir de la sala, todos llevábamos en la cara una sonrisa de medio lado. Al fin y al cabo, ¿no buscamos esa sensación después de una sesión de cine? Hay quien dice que buscamos que las películas nos hagan sentir mejores personas; yo no me atrevo a decir tanto. Pero sí digo que una de las mejores sensaciones es la de salir del cine con una sonrisa de idiota en la cara. Y eso Wes lo ha vuelto a conseguir.

¡Ah! Si veis un gorro rojo, es posible que Wes haya pasado por ahí.

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Blanca Sardina

Un niño me dijo una vez que lo esencial es invisible a los ojos. Y desde entonces me tatúo las buenas ideas para no olvidarlas.

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