BlaBlaCar

 

Estimado Antonio S:

Cuando encontré tu coche sentí un pequeño impulso emocional que me llevó a decidirme por ti. Todo eran buenas opiniones, el resto de viajeros que se han hospedado en tu afable automóvil han disfrutado de una experiencia placentera. ¿Por qué no iba a hacerlo yo?

Introduje los dígitos de mi tarjeta de crédito con la velocidad que permite el diminuto teclado de mi móvil y me brillaban los ojos con cada número. Hasta puse bien el PIN a la primera. Todo estaba resuelto.

Asegurabas una aceptación en menos de tres horas, es un plazo razonable. Yo sabía que me llegaría un mensaje de texto en el que se me comunicaría tu número de teléfono, con un más treinta y cuatro delante, indicando tu situación geográfica. Yo añadiría después ese número a mi agenda de contactos con algún nombre similar a “Antonio S. (BlaBlaCar)”. Tengo muy mala memoria y prefiero añadir etiquetas a los contactos para no olvidarme después.

Pero nuestro fortuito encuentro de cuatro horas y media se ha visto truncado. Has decidido que no vea a mi familia este puente. Al menos no gracias a ti.

Lo más probable es que no nos conozcamos nunca. Y no quiero echarte nada en cara. Pero tu rechazo es uno de los mazazos más sórdidos que ha recibido mi corazoncito en los últimos minutos.

Haciendo un análisis rápido de la situación creo que entiendo los motivos del rechazo. El primero es que no soy una señora mayor. Las señoras mayores otorgan mucha más confianza que un jovenzuelo. ¡Pero si mi categoría en BlaBlaCar es “Avanzado”! ¿Qué más necesitas, Antonio? ¿Qué más?

Quizá me hayas rechazado porque me llamo Luis Fernando. Hay mucha gente racista en el mundo, no sabéis cuánta. Luis Fernando es un nombre de telenovela, pero yo soy español como el chotis, como los putos callos, Antonio S.

La foto en blanco y negro, además, me da una cierta autoridad. Podría ser un emprendedor de dudoso futuro. Yo qué sé, Antonio S., podría ser el hijo de un afamado banquero. Pero has decidido que era mejor no compartir tu coche de mierda conmigo.

No te preocupes, Antonio S., te deseo un viaje placentero y tranquilo con tu copiloto, al que por ahora sí has aceptado. Pasadlo muy bien los dos juntos, de verdad. No guardo ningún tipo de rencor.

Pero me voy a crear una cuenta cuya foto será la de una chica guapísima, de las que salen por la noche en Telecirco. Y me llamaré Ana. Algo común. Aceptarás mi reserva, porque todos sabemos que las reservas de chicas guapas que se llaman Ana son una apuesta segura. Y cuando llegue a Atocha, haciéndome el encontradizo, le prenderé fuego a tu coche como quien no quiere la cosa, simulando un tropiezo.

¡Que tengas un gran puente de la Hispanidad, Antonio S.!

 

Saludos,

Luisfer. De Luis Fernando.

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Luisfer Martínez

Me gusta pensar. A veces lo hago bien y otras no tanto, pero me gusta pensar. En "pensar" incluyo especialmente pensar con gente, no solo, porque cuando uno piensa solo piensa mal.
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