Muchos autores, sean de literatura o de cine, hablan de temas recurrentes en los que se mueven como pez en el agua. Gus van Sant tiene una mina de historias en el talento juvenil, que trata especialmente en El indomable Will Hunting y en Descubriendo a Forrester.

– Búsqueda de autoafirmación

Este tema se personifica en los protagonistas de ambas películas, talentos precoces que reservan sus habilidades para sí mismos. En el caso de la oscarizada El indomable Will Hunting, Will (Matt Damon) es un veinteañero huérfano que gasta su tiempo en bares, peleas callejeras y algún trabajo ocasional, como la conserjería de una facultad de ciencias. Lo que muy pocos saben es que Will es un genio de las matemáticas que intenta pasar desapercibido. Solo saca a relucir su inteligencia en ocasiones puntuales, como cuando un listillo de Harvard intenta vacilar a su amigo Chuckie (Ben Affleck).

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En el fondo, Will esconde una necesidad de demostrar a los demás que él tiene algo que ofrecer al mundo y que no es menos que nadie, por mucho que carezca de cosas que la sociedad juzga como necesarias para triunfar (como un diploma universitario).

Algo parecido le ocurre a Jamal (Rob Brown), protagonista de Descubriendo a Forrester, un adolescente del Bronx al que le mueven dos pasiones: la escritura y el baloncesto. Con esta última se gana el respeto de sus amigos, mientras escribe sus textos en secreto y disimula a base de aprobados raspados en su instituto. Pero unos test de inteligencia delatan su extraordinario talento, y se le abren las puertas de un colegio elitista de Manhattan. Allí tendrá sus más y sus menos con un profesor que intenta hacerle ver que sus habilidades no van más allá del deporte de la canasta.

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La gente con talento, especialmente los creativos, siente un gran aprecio por sus dones y un enorme miedo al juicio ajeno. Esto se traduce en tensiones con personas con cierta autoridad sobre ellos (padres, profesores… o incluso gente de su círculo de amigos) que no comprenden sus habilidades y acaban hiriéndolos, a veces sin pretenderlo. 

– Tentación de enterrar el talento. El papel del mentor 

Por eso, es una tentación frecuente de los creativos reservarse. Pero enterrar el talento equivale a desperdiciarlo. Un talento malgastado es el resultado de la suma de dos factores: unos tutores que no han sabido descubrir las virtudes de una persona y la actitud de dicha persona, que intenta ocultarse por miedo. Es sabido que todo don conlleva una responsabilidad. Todos los talentos son en buena medida un regalo,  y la posibilidad de intentar aprovecharlos y fracasar resulta muy dura.

Aquí surge un elemento fundamental en la vida de todas las personas, y de los talentos creativos en particular: las enseñanzas de alguien que les enseñe a encauzar lo que llevan dentro, guiándoles para que vayan aprendiendo por sí mismos a conocer de qué forma pueden comunicar algo a los demás.

En El indomable Will Hunting, es el profesor Maguire (Robin Williams), psicólogo de Will, que trata de “domar” al conflictivo genio matemático. Maguire no aparece como una especie de maestro zen, sino que resulta ser un tipo cercano, también con asuntos pendientes por resolver. Se acerca a Will ofreciéndole su amistad, comprometiéndose con su desarrollo. Comparte risas y enfados con él, como cuando Will le confiesa su intención de evadirse del mundo dejando de lado las posibilidades de trabajo que le ofrecen las matemáticas.

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Por su parte, Jamal es adoptado por William Forrester (Sean Connery), un escritor genial y solitario -inspirado en la figura de J.D. Salinger– que acepta ayudar al chico a desarrollar su habilidad para la escritura, como se ve en esta escena.

En Descubriendo a Forrester la relación maestro-alumno es todavía más fuerte que la de Will y Maguire. Forrester es un personaje con unas dudas internas mucho mayores que las de Jamal. Lleva años sin salir de casa y no se relaciona con nadie. Se ha convertido en un escéptico, un autor de una única gran obra que ha decidido dejar de escribir por miedo a las opiniones de la crítica. En este contexto, Jamal recibirá la ayuda de Forrester, dado que encontrará en la escritura su forma de expresarse ante los demás, pero también le servirá de apoyo, ayudándole a afrontar y superar sus problemas.

Así debe ser la relación entre alumno y maestro, un intercambio de experiencias de la que ambos salen fortalecidos. Pero para que esta relación exista, es necesario que la persona creativa decida abrirse, sea cual sea su campo. Cuatro ojos leen mejor que dos, dos manos pintan mejor que una y un alma se ve enriquecida si entra en contacto con otra. Como explicaba el doctor Maguire en El indomable Will Hunting.

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[Fuente imagen destacada: http://drafthouse.com/]

Escrito por: Andrés López del RíoEstudiante de comunicación, escritor.

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