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No sabíamos cómo entrevistar a una marquesa. Entre otras cosas, porque nunca habíamos entrevistado a ninguna. Cayetana Álvarez de Toledo (Madrid, 1974) nos cita en Il Tavolo Verde, una cafetería discretamente céntrica de Madrid. La regenta un matrimonio joven, que decidió decorar su negocio con los muebles antiguos que coleccionaban de sus viajes por Europa. No sabemos qué pasaría en caso de que la propietaria fuera Cayetana. Cuál sería el resultado en caso de que decidiera decorarla con los viajes de su vida, de los lugares en los que creció, de los que hicieron la que es ahora. Una marquesa que calza playeras de Nike, una doctora en historia convertida en política primero y en periodista después -o quizá fue al revés-, una española por elección y convicción, con acento argentino pero de educación inglesa y, a la sazón, ex-diputada de un partido del que nunca fue una militante más. Con este desconcierto es difícil acudir con algún prejuicio.

Cayetana se explaya en sus respuestas sin la menor compasión por los que la transcribiremos después. Pero quizás no importe tanto en el caso de una mujer que habla calmada y reflexiva, como si estuviera constantemente defendiendo una tesis doctoral. Su discurso se va articulando bajo el compás de una cabeza que parece más propia de una catedrática que de una mujer joven. Nos cuenta historias de su vida, de la política de aquí y de allí, de su provechosa experiencia en la universidad y sus planes de futuro.

¿Por qué íbamos a tener prisa?

En un artículo memorable decías que fuiste apátrida hasta los 18 años, luego argentina hasta los 24, franco-argentina hasta los 32 y ahora hispano-franco-argentina, ¿cómo es eso posible?

Bueno, técnicamente y jurídicamente es posible.

¿Dónde queda la identidad, la pertenencia a un pueblo?

Estamos en un momento de vuelta del identitirarismo, porque todo esto es revivir momentos históricos pasados, de las identidades como fuerza motora de la política y de la movilización social. Es una época en la que se pone énfasis sobre lo que nos distingue a unos seres humanos de otros y, muy especialmente, en la nacionalidad y en la pertenencia a un territorio común. Hay otras expresiones de identititarismo, como por ejemplo el género, con el feminismo y los movimientos LGTB o el Black Power en EEUU.

Todo eso empezó en los años 70 de manera muy fuerte en EEUU y ahora ha tenido una nueva explosión en el tema del nacionalismo. Lo estamos viendo en toda Europa: en Francia, en Holanda, en Alemania, en Inglaterra, en Escocia, algunos elementos en Italia…

¿Y en España?

En España tenemos una manifestación de todo eso desde hace tiempo que no son estatales sino que son de entidades más pequeñas, como son nuestros nacionalismos periféricos. La identidad, como dice Tony Judt en un artículo maravilloso, es una palabra peligrosa y un concepto enormemente peligroso. La identidad para mí es un mal, y creo que la civilización consta precisamente de ir alejándonos de nuestras raíces identitarias y tribales e ir buscando lo que nos une como seres humanos, lo que nos hace comunicarnos, lo que nos lleva a mezclarnos. Lo cual, no es incompatible, por supuesto, con tener una idea de nación-estado como un espacio donde hay un estado de derecho, donde hay unas leyes comunes que han de respetarse.

De hecho, yo creo en el estado-nación, no soy una especie “cosmoposmo”, completamente relativista y diluida en la nada. Los países tienen sus tradiciones, sus lenguas, a veces más de una como es nuestro caso, pero todo lo que sea reafirmar el identitarismo resulta nocivo, pernicioso y siempre conflictivo, y la máxima expresión de ese conflicto es la guerra, como vimos en el siglo XX. Una expresión menor a la guerra, es el ensimismamiento que estamos viendo ahora en Europa y que puede llevar a la ruptura de ese proyecto de paz y civilización que es la Unión Europea, o a la ruptura de estados, como es el caso de España.

¿Y la identidad se elige?

Sí, la identidad es una elección. Es una idea que se pudo ver en el Teatro Español de Madrid, en la obra de Grumberg, Serlo o no – para acabar con la cuestión judía”. Alguno te dirá que eso es una pijería porque solo unos tendrán el privilegio de elegir su identidad. Eso es verdad, si te toca nacer en la provincia del Chaco, en Argentina, tendrás tu nacionalidad argentina y tendrás quizás opciones de poder elegir tu nacionalidad. Pero esto es un concepto filosófico más profundo, la identidad se elige como se elige también la identidad de género, si uno es homosexual o heterosexual, donde hay una cierta elección, si no creemos en un determinismo biológico. Yo tuve la posibilidad de elegir ser española y elegí serlo.

¿Por qué elegiste ser española?

Es sencillo. Nací aquí, en el 98 estaba haciendo la tesis doctoral y cuando vine a vivir en el año 2000, llegué con todos los prejuicios sobre lo español que se deleitan en propagar los anglosajones, sobre esa España folclórica, un tanto atávica, exótica, reñida con la modernidad. Empecé a estudiar historia española y me di cuenta de que todo eso era una gran estafa y que lo verdaderamente sorprendente era que los propios españoles se lo habían creído. Eso de que España era un país excepcional, en el sentido peyorativo del término, y que no tenía una relación normal ni iba a tenerla nunca con lo moderno, con la democracia. Me di cuenta de que eso no es así, que España ha hecho un enorme esfuerzo a lo largo de sus siglos por convivir pluralmente ateos, cristianos, católicos, republicanos, monárquicos, castellanos, catalanes, vascos, andaluces, gallegos… Todo ese enorme esfuerzo de convivir los distintos es uno de los grandes hitos de la modernidad, a través de una historia, la historia de España, con toda esa tensión entre centro y periferia de la que tanto ha hablado y escrito John Elliot, haciendo de España pionera en ese debate. Ese debate culminó en la Transición española, que es uno de los ejercicios más conmovedores de reconciliación moral, social y política, mientras que, por contraste, el único rescoldo de antimodernidad, de tribalismo, era precisamente el nacionalismo periférico y su expresión más nefasta, que es el terrorismo.

Al ver esa democracia joven, todavía frágil, incipiente, azotada por tribalistas, desde el señor Otegi hasta en su día Pujol, pasando por Arzalluz y demás, conmovida con eso y a la vez conmocionada por los atentados de ETA y tantos otros elementos, decidí que yo, no solamente quería escribir en los periódicos y hacer política en España, sino ser española. Por tanto, ser español o ser una determinada cosa es una elección, como en la obra de Grumberg en la que su protagonista decide ser judía. Pues yo decido ser española. Es una elección, no una militancia. Yo no me considero una militante. Una demócrata militante sí soy y, por tanto, soy militantemente española en tanto que España es una democracia y un Estado de Derecho desde el año 78. España tiene un valor moral desde el año 78 clarísimo.

Te defines como una persona de intersecciones, siguiendo el gran artículo de Tony Judt…

Ese artículo de Judt es muy importante. Era parte de sus memorias, que se publicaron por entregas en The New York Review of Books, y es maravilloso. Es de esos artículos que lees y dices “aquí está expresado de una manera mucho más clara y brillante de lo que yo jamás hubiera podido”. Es exactamente lo que yo siento respecto a mi relación con la identidad, que es un rechazo profundo del concepto militante de la identidad. Yo soy una persona de márgenes, pero no soy marginal, estoy donde se cruzan, donde está la intersección de las personas.

¿Cuáles son tus intersecciones?

Las mías son una madre argentina pero de origen español, como muchos argentinos, un padre muy mezclado, su padre era español de Nápoles, de los rescoldos que habían quedado de la familia Álvarez de Toledo desde el siglo XVI, su madre una burguesa de Marsella, violinista, intelectual, maravillosa, vinculado a un mundo literario, proustiano, de principios del siglo pasado. Yo tuve una educación, por circunstancias de mi vida, muy anglosajona, soy muy anglófila en muchas cosas. A su vez, a los veintipico años decidí hacer un doctorado sobre historia española y encontré una pasión que se ha convertido en pasión política, por España, su historia, su presente y su futuro. Con lo cual, ¿cuál es mi identidad? Pues una mezcla de todas esas cosas.

Eres marquesa de Casa Fuerte…

Me pega el nombre, ¿a que sí? [Risas]

¿Por qué tienen más prestigio hoy las meonas que las marquesas?

Estás sacando lo de mi entrevista con Emilia Landaluce, de la que me hice grandísima amiga a partir de aquello, por cierto. ¿Por qué tiene más legitimidad? No tienen por qué tenerla. Vivimos en la era de la zafiedad, en la era de la irracionalidad sobre todo. Ves la campaña americana y ha habido momentos de enorme zafiedad, y ves la política española y hay elementos de una enorme zafiedad, y ves las tertulias políticas de la televisión y lo mismo.

Yo creo que hay que reivindicar una vuelta a una cierta calidad, a una cierta altura y nivel, que no es un nivel social, es un nivel intelectual, crítico, un nivel casi humano te diré. Hay una vulgaridad rampante en los modos y en las formas de hacer política. La política también es representación de los ciudadanos y exige unas ciertas normas, una cierta conducta que no vienen aparejadas a la clase social ni a los títulos nobiliarios, naturalmente. Yo hice la broma con las marquesas y las meonas porque sale una señora, que no me acuerdo qué cargo tenía, y a todos les parece maravilloso y si hay una que tiene un título les parece fatal. Respecto al título siempre digo que no soy más que nadie, pero tampoco menos que nadie.

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¿Por qué te fuiste a estudiar a Oxford?

Yo me fui de Inglaterra a los 7 años. Vivíamos en Londres cuando yo era pequeñita y mi madre decidió que quería que tuviéramos algún vínculo con su país, con Argentina, que tuviéramos un poco más de vínculos familiares, unas ciertas raíces. Mi infancia era anglosajona, mi literatura era anglosajona, mi teatro, mi Shakespeare, Virginia Woolf, T.S. Elliot

Volvimos y viví yo de los 7 a los 17 años, hice todo el colegio en Buenos Aires y siempre supe, desde pequeña, que quería volver a Inglaterra a estudiar y la duda era si iba a poder ir, primero a una buena universidad, en función de mis notas y capacidades, y segundo, si de las buenas iba a poder ir a una o a la otra. Entre las dos grandes fui a visitar las dos y elegí una, y fui inmensamente feliz allí.

En el New College hay egresados muy ilustres, de todas las disciplinas, ¿qué hace excelente a una determinada universidad?

Oxford te enseña a ser adulto. Frente a lo que está pasando en las universidades ahora, que es esta especie de cosa ñoña, de sobreprotección del alumno, para que nada pueda herir su sensibilidad. Es la batalla que están dando Pinker, el propio Chancellor de Oxford, que es Chris Pattern, toda esta gente está luchando ahora contra la imposición de una nueva forma de corrección política consistente en que no se puede herir la sensibilidad de los alumnos, por identidades, por género, por todo esto. Lo identitario está destruyendo las universidades por dentro también, donde se crean una especie de guetos absurdos, de ñoños sobreprotegidos en algodones, que luego salen a la vida y se estampan contra la realidad.

La tradición que yo viví en Oxford, es lo que cuenta Richard Dawkins en sus memorias de que lo maravilloso era que los chicos querían ser mayores, querían ser adultos, querían enfrentarse a la realidad. Una educación en la que todo parte de esa excelencia, de esa concepción de ser adulto, que es el espíritu crítico, el contraste, el debate, la confrontación, de que las cosas te hieren y tu asumes tu responsabilidad.

La universidad está pensada para que el alumno sea un individuo libre, con espíritu crítico y responsable. La responsabilidad es la palabra esencial. Hoy en día estamos creando generaciones de perfectos irresponsables, niños que creen que el Estado les debe todo, que son víctimas del mundo, un Ramón Espinar, que son víctimas de la vida, víctimas del Estado, víctimas de sus padres, de la sociedad. Cuando, en realidad, han tenido todo como ninguna generación lo ha tenido. Han tenido educación gratis, han tenido las mejores universidades, más acceso a la información que nadie, Erasmus, becas… y eso antes no existía. La universidad para generar, crear, promover individuos excelentes es libertad, crítica, y responsabilidad. Esa es, en mi opinión, la única fórmula que funciona y aquí estamos a años de todo eso. Es el reinado de la corrección política, por una parte, y del dogma del profesor sobre el alumno, por otra. Que los líderes de Podemos sean profesores universitarios te hace pensar que aquí hay un problema gravísimo, porque esta gente ha estado enseñando a los alumnos su ideario, que es el de la irresponsabilidad, el ataque al sistema, el sistema me debe, el victimismo.

Tienes que salir de la universidad con 22 o 23 años siendo un adulto con sentido de tu responsabilidad, capaz de bregar en la vida, de asumir las derrotas y fracasos, insistir, trabajar, romperte el alma, saber que nada es gratis y que las cosas se pelean. Y si creas ñoños protegidos, víctimas del mundo, lo que vas a tener son revolucionarios de cuarta a la vuelta de la esquina. Van a quemar las instituciones porque no me han dado aquello a lo que tenía derecho. Es el mundo del derecho infinito y la responsabilidad cero.

¿Cómo trabaja el profesor con el alumno en Oxford?

Hay una relación de profesor-alumno en la que tienes reuniones semanales personales con él. Te da una pregunta para la siguiente semana, un essay. Por ejemplo: “La libertad y la igualdad son incompatibles”, discuta. Entonces, te vas a la biblioteca una semana, haces toda tu investigación, te dedicas a buscar los libros que hay que leer, de filosofía, de historia…, preparas un ensayo de cinco o seis folios y la noche anterior al tutorial lo dejas debajo de la puerta del profesor. El profesor la corregía y luego te recibía al día siguiente y mantenías una discusión sobre el tema.

Él no tenía necesariamente que tener razón, ni pretendía tenerla, ni enseñarte de la A a la Z lo que tenías que aprender, sino que él lo que tenía contigo era una discusión sobre un tema. La semana siguiente lo mismo y los exámenes eran muy duros al final del primer año y al final del tercer año. Eran una serie de ensayos. Tenías que escribir una serie de ensayos como ese, tres por examen. 

Eso era lo que verdaderamente se impartía, ese ejercicio del pensamiento, de espíritu crítico. No hay dogmas, no hay una doctrina que se imparte, pero tampoco hay relativismo. No te enseñan que todo vale, sino que hay que pensar por uno mismo y no porque la gran autoridad o un Premio Nobel haya dictado que los hechos son así. Hay que discutirlo y argumentarlo. Lo que se premia en Oxford, o más bien el propio sistema de tutoriales del profesor y alumno en conversación, es la crítica y el debate.

Teniendo en cuenta esa trayectoria, en un partido como el PP, donde da la sensación de que está lleno de abogados y altos funcionarios, ¿has sido una outsider?

Una vez Gabriel Elorriaga, que es amigo mío y una persona muy inteligente, decía con un humor muy fino, cuando la época del célebre Congreso de Valencia se comentaba que había un sector crítico en el partido, donde nos metían a él, a mí y a otros más. Y decía Gabriel “no, yo soy un crítico sin sector”. Pues yo lo mismo.  ¿Outsider? No sé, pero un espíritu crítico sin sector sí.

Bueno pero eso es necesario dentro de los partidos

Sí, yo creo que el espíritu crítico es esencial, primero para la felicidad personal. En la vida no se puede estar al baño maría, hay que confrontar con la vida, con las experiencias. Confrontar de una manera positiva, el debate, la discrepancia, la discusión… Yo creo que todo eso es necesario y positivo.

¿Cómo ha sido tu experiencia como diputada?

Mi experiencia como diputada no es buena. El Congreso es el lugar donde tiene que tener lugar la discusión, el debate, la confrontación, que es lo que a mí me gusta. El debate intelectual y político puro y duro. Mi experiencia personal no fue buena porque entré en un momento en el Congreso, el año 2008, donde yo tenía unas ciertas discrepancias que luego se convirtieron en profundas discrepancias con la dirección del partido. Y las posibilidades de ejercer una voz libre y crítica dentro del Congreso eran, exactamente, cero.

Cuando digo cero es cero, no es que hubiera un cierto debate interno, una cierta deliberación. Eso no existe en el Congreso. De hecho, una de mis reivindicaciones sobre la reforma de la política en España, antes de reformas constitucionales que son muy complicadas y agravadas, es la de que haría falta una reforma pura y dura del Reglamento del Congreso de los Diputados, para dar al diputado individual mucha más voz, voto, libertad y más margen de maniobra de la que tienen hoy en día.

En teoría no tienen mandato imperativo…

En teoría no, pero entre la teoría y la práctica hay un abismo. En las reuniones del grupo parlamentario no existe el debate. En las reuniones del grupo socialista, de hecho, hay bastante más que en las del PP. En el PP no existe ningún tipo de debate ni de deliberación. Los diputados votan lo que decide un grupito al frente de esa dirección. Muchas veces, ni siquiera sabes lo que estás votando, porque tampoco te enteras. Me dirás “es obligación del diputado enterarse” y tienes toda la razón del mundo, pero no existe ese mecanismo que da al diputado un sentimiento de responsabilidad individual ante lo que vota y ante sus votantes también. Son partitocracias y grupocracias en el sentido de que sólo cuenta el grupo o la dirección del grupo. Y ya no te cuento cuando un partido está en el poder porque, entonces, ya no decide el grupo, deciden los ministerios o el propio gobierno.

Desde fuera, da la sensación de que allí la decisión ya está realmente tomada y lo que va a haber es un teatro…

Sí, hay un poco de teatro, yo a veces he dicho una boutade, y es que bastaría tener un diputado de cada grupo y que valiera su voto lo que sus escaños, y así te ahorras todo el dinero gastado en diputados. Eso está empezando a cambiar, por ejemplo, con el lío que hemos visto en el PSOE, fruto de un cierto caos. Pero, en general, falta una reforma del parlamento profunda, y hace falta una reforma de la cultura democrática interna de los partidos. Mucho más que exigir primarias, de las que soy partidaria, me refiero a la cultura y la manera de entender el debate y la deliberación en España, que no es una tradición asentada como es en la británica. Eso no quiere decir que ellos sean mejores, bastantes desastres se han hecho en los últimos tiempos como para considerarse un modelo de nada. Pero hay ciertas cosas que sí las hacen bien y hay un margen de libertad, de deliberación, de aprecio a la crítica y al espíritu crítico, que yo lo aprendí en la universidad, no en mi colegio de Argentina.

¿Cómo ves la situación actual? ¿Qué te parece el nuevo gobierno?

Es continuista. Lo único relevante del nuevo gobierno es que hace oficial lo que era oficioso, y es que la vicepresidenta pasa a gestionar abiertamente el desafío separatista catalán y algún tema que he comentado sobre los medios de comunicación. Lo demás, son detalles más o menos escabrosos, de morbo, de que sube uno y la otra se quedó fuera, las peleas entre una y otra… Eso no me interesa nada. Políticamente, lo único relevante de la constitución de gobierno es el tema de Cataluña, que creo que va a ser el tema de la legislatura.

¿Prevés una legislatura corta?

No necesariamente. Mucha gente dice que Rajoy no va a durar, pero, ¿qué moción de censura se puede hacer con Rivera, el PSOE que no sabemos quién es todavía y Podemos? ¿Cómo se pueden poner de acuerdo para hacer una moción de censura que en este país es constructiva, tienes que presentar a un candidato alternativo? ¿A quién van a presentar? ¿Podemos va a votar a Rivera? ¿Rivera va a votar un candidato de Podemos? ¿Los dos van a votar a un candidato del PSOE, con 85 escaños?

Otra cosa es que Rajoy diga en un momento dado que le convienen elecciones porque los ve tan destruidos a todos, que antes de que le estén tocando las narices todos los días va a intentar sacar 176 escaños, que a ver si los saca, y podría sacarlos. La situación es la que es. Cuando no tienes oposición, tu margen de impunidad en la actuación es mucho mayor. Por eso yo he defendido que Ciudadanos entrara en el gobierno, tenía una oportunidad muy importante.

¿Cómo resumirías lo que fue la última legislatura?

Fue una legislatura en la que en lo económico se evitó el abismo, es un reconocimiento que hay que hacer. España en el año 2012 estaba a las puertas de un rescate masivo, con hombres de negro. En cambio, en lo político una oportunidad perdida en todos los frentes: en la justicia, la educación, el territorial, las televisiones y el modelo cultural,  en dar la batalla en el País Vasco por la memoria, la batalla política e ideológica al nacionalismo, con una mayoría absoluta que no creo que vamos a volver a tener en mucho tiempo. No solamente en el Congreso y el Senado, sino en Comunidades Autónomas, que es muy importante tener un apoyo territorial. El PP tenía 7.000 municipios, capitales de provincia, comunidades autónomas… Tenía un poder político y un mandato político, las dos cosas.

Me dirás que hubo que ocuparse de la crisis, sí, pero un gobierno da para más que eso.

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Tony Judt criticaba habitualmente que la política se había centrado mucho en la economía, dejando de la lado la pregunta de qué es lo correcto que hay que hacer en este momento. ¿Cuál sería la prioridad ahora mismo?

Lo que tenemos en este momento político de España es un proceso similar a otros países, lo cual me congratula porque no soy excepcionalista sobre la historia de España. En nuestro caso está muy agudizado porque convergen los dos males de este tiempo, que son el populismo y el nacionalismo. Uno, desde la extrema izquierda y el otro es una cosa tribalista, reaccionaria, de derechas si quieres llamarlo así, como son los nacionalismos periféricos. Ambos convergen en un objetivo común que es liquidar el régimen constitucional, que es lo mejor que hemos hecho los españoles en cinco siglos de difícil historia en común.

Esto requiere que los que estamos de este lado, de los buenos, es decir, de los morales, los que defendemos la libertad, la igualdad entre la gente, la solidaridad entre las personas y tenemos una visión moderna de la vida, trabajemos conjuntamente para hacer frente a eso. ¿Qué es lo que pasa? Que no estamos trabajando conjuntamente frente a lo que viene. Tenemos un gobierno más bien narcisista, muy autocomplaciente, con sus pequeñas batallitas internas y sin un gran proyecto político. El PP no tiene un proyecto político. C’s, por sus pequeños cálculos, se queda fuera del gobierno porque se han enredado en un veto a Rajoy, y el PSOE está en un proceso de implosión, entre un partido socialista que quizá podría servir de embrión de la reconstrucción de un partido socialista razonable y sensato, y otro que ya está completamente del otro lado de la línea divisoria que apunté antes.

¿Cuál es el desafío? La reconstrucción del espacio de la razón en España. En ese espacio hay mucho más en común que las normales diferencias que podamos tener ideológicas, y en el que debemos trabajar unidos contra lo que hay enfrente para preservar nuestro sistema democrático, nada menos.

¿A la gente joven le hace falta tomar más conciencia de esa reconciliación de las dos Españas, de lo que supuso la transición y superar el excepcionalismo?

Sí, aunque ahora tienes a los adanistas que en el fondo son completamente retro. La idea de empezar la historia de nuevo es una falta de humildad y una falta de inteligencia… Pensar que la historia empieza contigo otra vez es una cosa muy retro, muy antigua, muy vieja. Es una falta de inteligencia y de modestia. Eso los ingleses lo saben muy bien, la democracia es un sistema de perfeccionamiento, de sutileza, de humildad, vas reformando, el proceso de ruptura no tiene mucho interés y acaba muy mal.

Promover la ruptura es muy fácil. Tú te vas a la plaza Colón, montas un lío y dices “aquí hay que romperlo todo”, cualquiera puede hacerlo. Lo verdaderamente difícil es reformar, distinguir entre lo que sirve y lo que no, lo que hay que corregir y lo que no tiene remedio. La tarea intelectual, el reto y desafío intelectual es ser reformista y luego ejecutar esas reformas.

¿Qué papel juega ahí la izquierda y el PSOE? Parece que el único que se ha postulado claramente para la secretaría general ha sido Sánchez y también se habla de Patxi López, en todo caso ambos contrarios a la abstención…

Bueno, también está Susana moviéndose por detrás, pero yo creo que Javier Fernández es la mejor noticia, la más extraordinariamente sorprendente y esperanzadora de los últimos tiempos. Pocas veces he visto a un político de la izquierda y de la política española de los últimos años decir cosas tan racionales, modernas y sensatas como él. ¿Cuánta fuerza tiene en el partido? ¿Van a prosperar sus tesis? Eso ya lo veremos, estamos viviéndolo momento a momento.

Uno de los puntos esenciales es qué va a pasar con el PSC, porque ha sido uno de los verdaderos problemas de este país. Una de las semillas de la destrucción está en el PSC y en su traición esencial a lo que podría haber sido un proyecto de la izquierda española moderna y abierta. Lo que Maragall representaba antes de gobernar, el del año 92, el de los Juegos Olímpicos, de la modernidad, la apertura, etc. Una vez que gobierna con ERC, fue un desastre de tripartito, el PSC se pierde para la causa.

El PSC ha estado jugando con que rompía con el PSOE, pero Javier Fernández tiene una gran baza que es decir “Ala venga, rompe”. Lo mejor que le puede pasar al PSOE es esto. Si el PSC rompe con PSOE, el PSC está liquidado. Hay una parte que se va inmediatamente a Colau y unos restos que quedarán para C’s, si espabila. Esa es la oportunidad que tendría el PSOE para enmendar el error histórico que supuso la existencia de un PSC separado. Qué gran noticia si se dijeran: vamos a hacer un partido español de izquierdas que insista en la igualdad, que se reconcilie con los principios tradicionales de una cierta izquierda razonable. Esa sería la mejor historia posible, pero no sé si la vamos a vivir, es difícil. Patxi López no me parece ni tercera vía ni nada, sino más de lo mismo. Sánchez me parece ya completamente demencial. Son hijos de Zapatero todos ellos, del zapaterismo, y por tanto nocivos para su partido y para el país. Hay que esperar que del Fernandismo, yo soy de “viva Fernández”, surja algo.

¿Qué papel juega la socialdemocracia en España y en Europa? Parece que se ha quedado vacía de discurso

Judt explica muy bien cómo, el gran problema del socialismo, siendo él de izquierdas, es que acaba sustituyendo la igualdad por la identidad. La izquierda necesita una reconstrucción, pero también la derecha necesita un proyecto nuevo. Mira en el Reino Unido cómo la derecha se está convirtiendo en una cosa muy desagradable, lindando con la xenofobia, muy poco liberal, muy poco cosmopolita. En Francia, Sarkozy estaba compitiendo con Le Pen con un discurso que rozaba prácticamente la extrema derecha. En Alemania Merkel, después del desastre de la gestión de los inmigrantes, está empezando a torcer su discurso para competir con Alternativa para Alemania.

Los dos grandes bloques necesitan hacer una reflexión que vaya por el lado de que la línea divisoria, por lo menos en estos momentos, ya no está entre izquierda y derecha, entre bloques, sino entre quienes defendemos sistemas de democracia representativa, estados de derecho, etcétera, y quienes vienen a romperlos desde dentro.

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Hemos leído algún escrito tuyo sobre Palafox, en el que dices que era un luchador, un idealista y un visionario, un representante de esa tercera vía, ¿existe o es un mito?

Es difícil. Lo binario y la confrontación binaria tiende a imponerse a los esfuerzos por encontrar un espacio común. Libres e Iguales es eso, un esfuerzo por ir más allá de las diferencias binarias normales, que son izquierdas-derechas en el caso español. La Guerra Civil marca muy fuertemente esos dos bloques, entre los cuales existe un espacio, el suelo democrático, donde estamos todos y donde estaba por ejemplo Chaves Nogales, y nuestra obligación es que ese suelo, que puede ser pequeñito, se estire lo máximo posible. Esa es la petición de gran coalición. Intentar crear una zona común donde pueda haber diferencias y discrepancias normales.

¿Ciudadanos puede llegar a ocupar ese espacio, electoralmente hablando?

No hay que confundir el centro con la equidistancia. Es un error creer que estar en medio de los dos con un poquito aquí y otro poquito allá es una posición. Eso no es una posición. De lo que yo hablo es de un acuerdo muy amplio por encima, de ser capaces de meter a todos. No buscar el que no te puedan decir “sois de derechas o sois de izquierdas”, porque entonces te quedas en la nada.

En intención de voto ha tenido una tendencia a la baja en el último año

¿Qué le pasó a Rivera? Lo he intentado explicar esta mañana en un debate con Pedro J., que está en profundo desacuerdo, porque yo decía que Rivera tenía que haber entrado en el gobierno y que hace un año tenían la oportunidad de ser el sustituto del Partido Popular. Sacar 70 escaños, los que le daban las encuestas. Había una riada de votos desde el PP, liberales, conservadores, viejos, jóvenes… Todo el mundo quería votar a Rivera y se sentía huérfano del PP. ¿Y qué pasó? Él se equivocó de eje. Quita el eje rojos-azules, que está bien que lo quite, pero crea un nuevo eje que es nuevos versus viejos. Se coloca con Podemos contra el PP y el PSOE, en lugar de decir que el verdadero, es el de quienes venimos a reformar, preservar, defender nuestro sistema constitucional y democrático, frente a quienes vienen a reventarlo. Es decir, estar con el PSOE y con el PP contra Podemos, los nacionalistas, separatistas, terroristas y toda la panda.

Coloca el eje en nuevos-viejos, se pone a coleguear y a compadrear con Iglesias y pasa lo que pasa. El votante del PP, la base, jóvenes, gente que no ha votado jamás al PP y que podía decir soy más o menos liberal, moderno y de centro, toda esa gente se vuelve para atrás y de los 70, 80 posibles escaños se quedan en 40 y luego en 30. Él intenta rectificar después de diciembre, hace un esfuerzo, va a Venezuela y dice que es incompatible con Podemos, hace toda esa operación, intenta congraciarse con el electorado del PP. Pero Mariano empieza a agitar la bandera de “yo o el caos”, y tiene razón, es verdad, es él o Podemos, que saca 71 diputados. Y unos votantes del PP, deciden volver así [N.del R. se tapa la nariz] y votar a Rajoy. Y así se quedan en 32.

Ahí tiene una nueva oportunidad que era decir: “he comprendido y ahora lo que vamos a hacer es entrar en el Gobierno, mandar en el Gobierno, ser Vicepresidente, quiero un Ministerio de Interior, de Justicia, Economía, Educación…” Puedes negociar con Rajoy y decirle: “yo quiero ser Vicepresidente, poner a Girauta en Interior, poner a nosequién en Educación, elegir 3 o 4 carteras potentes e influir y mandar”.

Sin embargo, deciden quedarse fuera por esto del veto a Rajoy, que si no, que si sí, que si la abstención. Y acaban votando sí, pero quedándose fuera con un discurso de oposición constructiva, responsable. Todo muy mono pero quedan fuera del juego.

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Dentro de todo este escenario, ¿la corrupción ha sido un síntoma? ¿es, como dice Podemos, la manifestación de que el Régimen del 78 era corrupto?

Ellos han intentado convertir una acumulación deplorable y lamentable de casos en un problema sistémico, y no lo es. La democracia no es corrupta y el sistema de la transición no es corrupto. Hay individuos corruptos que hay que eliminar del sistema, como es normal. Pero con juicios justos, aceptando la presunción de inocencia, precisamente preservando el estado de derecho y el sistema democrático.

Pero sí que es verdad que ha afectado a todos los partidos transversalmente…

Sí, sin duda, y a Podemos también. Y en todo los países del mundo hay corrupción donde hay personas administrando dinero de otros. Lamentablemente, existe en la naturaleza la posibilidad de que gente se lucre ilegalmente de los fondos ajenos. Ha pasado en España, sí. Ha pasado mucho, muchísimo. Ha habido cantidad de dinero que entró en España por Europa. Y además por la prosperidad y la impresionante expansión que ha habido en España de clases medias, ha habido posibilidad de lucro y hay gente que se ha lucrado y tiene que ir a la cárcel. Los que se demuestren jurídicamente, con juicios, tiene que haber sentencias.

El debate de la corrupción es muy sencillo. Es A, B y C. Convertir eso en el instrumento que vas a utilizar para destruir un sistema político es otra cosa, eso también es corrupción. El modelo político, el proyecto político de Podemos: esa es la máxima corrupción. Eso es utilizar las instituciones para destruirlas desde dentro y es cargarte cualquier posibilidad de que haya un gobierno no corrupto cualquier día en el futuro.

¿No consideras también que, tal y como se diseñaron algunas instituciones, se favoreció o se permitió?

¿A qué te refieres? ¿Cómo están mal diseñadas?

Por ejemplo, la falta de medios del poder judicial

No sé si es tanto cuestión del diseño de la institución como de la práctica. Hay cosas que hay que cambiar, como la Justicia. El PP, en un gravísimo error, se comió su reforma de la Justicia y nunca la hizo. Por cierto, otro elemento en el que el discurso de C’s conectaba directamente con la base del PP. Hay cosas que se tendrían que haber hecho y el PP ha cometido el gravísimo error de no hacerlas.

Pero eso no es el sistema que está corrupto. Son reformas que hay que introducir, importantísimas. Pero aquí juzgar, se juzga a la gente, la gente va a la cárcel. Salvo Pujol, van todos. Como toda democracia es un permanente esfuerzo de reforma, perfeccionamiento y renovación. Los que vienen a decir que las democracias tienen los pies de barro, esos son los que vienen a destruirlas. A sustituirlas por lo que ellos llaman el gobierno del pueblo. Que es el gobierno de sí mismos, para sí mismos y solamente consigo mismos.

Respecto a la cuestión catalana, la desconexión que pretende llevar a cabo el gobierno de Puigdemont, ¿es una advertencia y una lección? Hay una carta de Palafox que citas en tu libro que dice que no se perdió Cataluña en Cataluña sino dentro de Madrid

Lo que pasa es que Palafox lo decía en sentido contrario de lo que yo te diría ahora. Palafox hubiera soñado con el sistema autonómico que tenemos ahora. Yo creo que el gran problema del nacionalismo en España es que se perdió Cataluña en Madrid, porque Madrid ha cedido de una manera estúpida, innecesaria, acomplejada y absurda al nacionalismo de manera sistemática durante 40 años. Se perdió en Madrid porque la responsabilidad de las élites en Madrid es haber impedido que sucediera lo que ha sucedido.

Que durante 30 o 40 años a la oposición constitucionalista en Cataluña nadie la miró, nadie la protegió, nadie la amparó. Al nacionalismo, sin embargo, se le concedió, se le cedió, se le mimó, se le premió, se le alabó, se le paseó, se le financió, se le otorgó todo el poder mediático, todo el poder educativo, todo el poder cultural. Ahora lloramos sobre el paisaje que se nos quedó. Seguimos pensando que es culpa nuestra y que hay que seguir cediendo, y el soufflé se vuelve a desinflar.

No, el error está aquí, en las instituciones de aquí, en el Congreso cuando se le dice al grupo de CiU “tiene la palabra el grupo catalán”. No, oiga, tan catalán como es el grupo catalán son los 20 diputados del PP, los 17 o 25 del PSOE que son catalanes, del PSC…Ellos no son la voz de Cataluña. Cataluña es plural y tiene la mitad, por lo menos, de gente constitucionalista de la que no lo es.  

Una de las cosas que se achaca al gobierno actual es que tratan de resolver un problema político en los tribunales

Yo estoy de acuerdo, pero en sentido contrario del que habla el nacionalismo catalán. Ellos dicen que solamente se habla de la ley y no se hace política, porque entienden la expresión “hacer política” como eufemismo de ceder, de hacer concesiones. Para mí hacer política es dar la batalla contra el nacionalismo, con lo cual, estoy de acuerdo en la afirmación, pero la entiendo de una manera radicalmente distinta.

Es verdad que el gobierno solamente ha antepuesto la ley, no ha hecho política y eso ha sido gravísimo. Lo que pasa es que, para mí, hacer política es lo contrario de lo que es para el nacionalismo. Cuando se oye decir a un nacionalista o a un socialista “hay que hacer política”, significa, “ustedes tienen que ceder”. Siempre. Yo, cuando hablo de hacer política, lo que quiero decir es que hay que plantarse en Cataluña y hay que desmontar íntegramente el discurso nacionalista y dar una alternativa de libertad, de apertura, de modernidad al votante allí. Cosa que no se hace.

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Nos gustaría preguntarte también por materia de terrorismo. Citabas aquello de que las democracias actuales tienen un sistema de luchar contra el terrorismo con una mano atada a la espalda…

Sí, de Michael Ignatieff.

¿Un partido democrático debe dialogar con terroristas?

Yo creo que no. La democracia no se dialoga ni se negocia, los derechos fundamentales no se negocian, la vigencia del estado de derecho no se negocia. Una cosa que dice Álvaro Uribe sobre la elegibilidad política, es que las democracias dan muchas oportunidades a las personas, y yo también lo creo. La democracia española ha sido muy generosa, muy amplia. El franquismo es otra cosa, pero no estamos en el franquismo. ETA trata a la democracia como si fuera franquista y Podemos trata a la democracia como si estuviéramos en una dictadura. No estamos en una dictadura, desde el año 78, señores.

Llevamos 40 años, casi más tiempo, en democracia que en dictadura. Y la democracia es generosa, da oportunidades y cuando usted, decide reventar la democracia matando gente, tiene que cumplir con las normas de la democracia, que son sus condenas, etc. Lo veo de una manera muy sencilla. Evidentemente, a mí no me ha tocado gestionar un proceso como este. El caso de Colombia resulta especialmente delicado y difícil en estos momentos.

Un tema muy delicado en España es el 11-M. Hay periodistas que han expresado discrepancias con la investigación, como en el caso de Luis del Pino, Ignacio López Bru, Federico Jiménez Losantos o Pedro J. ¿Crees que se ha investigado lo suficiente el 11-M?

Francamente… No lo sé. Yo viví de cerca toda la investigación que hizo mi añoradísimo amigo Fernando Múgica, al que he querido mucho. Éramos realmente muy amigos y viví todo ese proceso, viví el proceso en El Mundo, me tocó escribir sobre eso y vivirlo. Siempre tuve la sensación, la intuición, quizás me equivoque, de que esa versión oficial o judicial, no mostraba lo que verdaderamente había ocurrido. Sin embargo, eso no se ha demostrado ni judicialmente, ni periodísticamente. Ni, desde luego, políticamente, donde eso es un tabú tremendo que se cerró en falso.

Hay quien ha tratado de demostrar fehacientemente que todas las pruebas del sumario son falsas

Fehacientemente no se ha demostrado nada de eso. Si se hubiera demostrado fehacientemente no estaríamos respondiendo a esa pregunta. Luis del Pino tiene una versión que no es la que yo… en fin, tampoco conozco tanto como él, él tiene un conocimiento detallado. Pero no es mi posición.

La mía es de conmiseración por las víctimas y sus familias. Ángeles Pedraza, presidenta de la Asociación de Víctimas, siempre tuvo la sensación de que eso no estaba muy resuelto, lo que para mí era muy desgarrador y una constatación absoluta de la debacle política que fue la utilización de la masacre contra un gobierno legítimo. Esa conversión de un drama nacional en un ariete contra un gobierno legítimo, es uno de los momentos negros de la historia española, sin lugar a dudas. ¿Que si fue lo uno o lo otro? No lo sé. No me considero capacitada para contestar.

Respecto al panorama internacional, después el Brexit, ¿qué futuro le ves ahora mismo a la Unión Europea?

Un futuro muy complicado si no enmienda rápidamente alguno de sus errores. Aquí hay dos niveles de responsabilidad: la responsabilidad de los propios populistas, que yo creo que es la primera y principal, aprovechando la crisis para socavar y destruir el proyecto de convivencia, unión y civilización. Todo eso es nefasto y ahí lo están haciendo los Farage, Le Pen, la de AfD… Todos esos personajes están aprovechando una situación de crisis europea para destruir el proyecto europeo y erigir fronteras interiores. Esa es la primera y máxima responsabilidad.

Luego, hay que ver qué ha hecho Europa en los últimos años. Hacer una labor de reflexión y enmienda urgente a lo que se ha hecho, a la incapacidad manifiesta para construir un proyecto político comprensible, explicable, ejecutable, claro, etc. Lo que ha habido es falta de liderazgo, de ideas y de proyecto. Una ausencia absoluta de dirección y de hoja de ruta. Se ha dedicado a construir capas de burocracia, de tecnocracia, de reuniones inútiles, estériles, que nadie comprendía. Han ido de crisis en crisis, a salto de mata: la crisis griega, la crisis de Ucrania, la crisis de inmigración, la crisis del Brexit, sin poder, siquiera, anticipar lo que venía. Ha habido una gestión muy deficiente del proyecto común.

¿Ha sido por la falta de voluntad de los gobiernos de cada país?

A los gobiernos, por una parte, les ha resultado muy cómodo decir que todo lo malo viene de Europa. Ir construyendo un rencor hacia una cosa ignota, europea, donde hay unos burócratas que no tienen ni idea, que es un irresponsabilidad manifiesta. Y luego, también es verdad, no han querido nombrar líderes de verdad y han puesto gente, con todos mis respetos, de un perfil bajo y sin proyecto político. Cada uno quiere mantener su autonomía de país, y todo eso está muy bien, pero luego acabas con Orban diciendo que él pone las fronteras y se acabó, con Le Pen diciendo que Francia fuera de Europa, que el euro fuera y en donde los británicos acaban saliendo, efectivamente, de Europa.

Podemos cargarnos este invento, que es un invento extraordinario aun con sus defectos. Habría que ser capaces de contraponer al discurso identitario que se está fomentado a niveles nacionales, un discurso europeo contra la identidad, pero muy poderoso de libertad, de democracia, de estado de derecho, de civilización, de apertura, de comunicación. Y de fuerza frente a lo que hay, que es un repliegue de los americanos que no se quieren ocupar de esos asuntos, ni Clinton, que era la mejor de los dos y era muy discutible. Putin, que ha decidido mandar en el mundo y nos quita un trozo europeo sin rechistar, hace y deshace en Siria lo que le da la gana, y Europa no pinta nada. Esto no es broma. Esto va afectar a la vida cotidiana de la gente en un plazo no muy largo y eso es lo que hay que abordar.

Respecto a las elecciones en EEUU, se podría decir que la campaña ha girado en torno a las grabaciones de Trump y la dudosa trayectoria de los Clinton. ¿Cómo valoras lo sucedido en la que es la primera democracia del mundo?

Se han enfrentado una señora que representa, en el imaginario general, todo lo que el populismo combate el establishment, la corrupción, la sombra de sospecha, la maquinación en beneficio propio con este señor, que es el más desaforado extremista de los populistas, fuera de la órbita completa de la racionalidad. Y mientras, los medios de comunicación han jugado un papel decisivo, porque su influencia está desangrándose.  Trump ha ganado contra todos los medios pero, a su vez, los medios se nutren de Trump. Todos esos medios que le critican sobreviven con él, porque han intentado recomponer su propia figura y su estatus en el mundo, el de los medios me refiero, mediante la más zafia confrontación con el propio populismo, al que han terminado alimentando. Cuanto más le pegaba el New York Times a Trump, más contento estaba él.

¿Qué resumen haces de la presidencia de Obama?

Ha sido el vacío, en mi opinión. Arcadi Espada le defiende mucho, siempre tenemos esta discusión y es verdad que es culto, habla bien, es elegante… Pero en Cuba no ha hecho nada bueno, en Venezuela no está haciendo nada bueno, en Colombia ha hecho un desastre, en Siria y en Oriente Medio lo contrario que se necesitaba. Deja un país dividido y su sucesor es un salvaje populista que está recogiendo un sentimiento de alienación, de un enorme sector de la población, contra todo lo que Obama representa, que es la sofisticación, la cultura… Hay algo que definitivamente no ha hecho bien.

Y ahora, lo más maravilloso de esta historia es que están pensando en Michelle para dentro de cuatro años, con lo cual seguimos con las dinastías. Dice mucho de la política americana.

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¿Cómo ves la situación en Sudamérica? Da la sensación de que había un cambio en Argentina y Venezuela

Son cosas distintas. En lo general, han habido algunas buenas y muy importantes noticias, como es en Argentina y en Perú. En Perú la victoria de Kochinski, es maravillosa. Pero queda un agujero negro enorme que son Venezuela y Cuba. Cuba, que está en un proceso de supuesta transición aupado por Obama, pero que lo que trae de momento son muchos beneficios para el régimen y muy pocos para la población.

La palabra transición es muy bonita pero hay que dotarla de contenido, y en Venezuela tienes un proceso parecido, con una bonita palabra que es diálogo, pero que se está utilizando para dividir a la oposición, para dilatar la salida del régimen, para distraer la atención de la comunidad internacional.

¿Y qué papel ha tenido el Papa?

Un papel horrible. Tanto en Cuba, como en Colombia, como en Venezuela. La agenda política del Papa en esos países ha sido profundamente equivocada para los derechos humanos, para la justicia social, para la igualdad y para la promoción de la democracia. Todas esos bienes maravillosos que cualquier institución, incluida la Iglesia, debería defender.

¿Qué futuro le ve a la oposición en Venezuela? ¿Es optimista?

A cada generación le toca ver luchas heroicas. En la Segunda Guerra Mundial mi padre estuvo en la resistencia francesa. Los hijos de 18 años se subían en los barcos de EEUU y partían como soldaditos a morir en Europa. En estos momentos, en nuestra época y tiempo, el heroico sacrificio de la oposición venezolana contra viento y marea, en solitario, es de lo más conmovedor e impresionante que se ha visto. La gente no le presta suficiente atención a lo que está pasando, pero la gran batalla de la libertad, hoy, se está dando allí, en esa trinchera. Hoy he estado con un opositor que ha tenido que salir escondido por la frontera, que trabajaba en la alcaldía y el régimen le ha empezado a amenazar con que era el siguiente a la trena y ha salido con cincuenta euros. Un político de 32 años y, como él, uno, y otro, y otro. Leopoldo sigue en la cárcel, Ledesma sigue en la cárcel, a Dani Ceballos se lo llevaron hace más de 21 días y su mujer, hasta hace poco, no sabía dónde estaba.

Ahora un sector se ha sentado a dialogar. Un profundo error, en mi opinión. Y el régimen dice: “nos sentamos a dialogar y, como muestra de buena voluntad, vamos a liberar a cuatro presos”. Lo cual, es la confesión de que eres una dictadura. ¿Para qué un procedimiento judicial si sacas presos de la cárcel en función de si se van a sentar en la mesa? O mesa o cárcel, están diciendo, ¿qué pretensión de Estado de Derecho es eso? La comunidad internacional lo ha apoyado, como en Colombia, apoyando el proceso de paz sin ni siquiera mirarse la letra pequeña. Apoyan el diálogo, dicen, pero sin mirar lo que significa eso.

¿Y Capriles qué papel está teniendo?

Capriles se ha quedado fuera de la mesa. Hay un representante de su partido que sí ha ido, pero él se ha quedado fuera. Cayó en la trampa del diálogo hace dos años pero no ahora. Ha estado firme. Hay que poner en valor la coherencia democrática de los que se han quedado fuera de la mesa y animar a los que se han pensado si tenían que entrar de que la solución, la democracia, está fuera.

La democracia no se negocia, los derechos políticos no se negocian, la vida, la salud, si van a poder comer los niños, no se negocia en la mesa con una dictadura. Lo más abyecto es cuando llegan los europeos y dicen “no no, si eso está muy bien para ellos”. Y te dan ganas de decir al francés, al españolito o a un presidente del país que sea: ¿por qué estás aceptando para un venezolano, para un colombiano, para un cubano, lo que en tu vida aceptarías para tu propio país?

Pablo Iglesias va diciendo que todo eso es maravilloso o Garzón, que hace poco alababa la revolución rusa… Eres un frívolo y un ignorante, las dos cosas. Te parece magnífico para Cuba, pero si tú vivieses en un país como Cuba… Vete tú a vivir cinco años a Cuba, viniendo de aquí con tus miles de libertades, quejándote de la ley mordaza, a ver cuál es el Cuba la ley mordaza, donde no hay internet y la gente que tiene que hacer siete horas de cola en una embajada para ver si puede acceder a un ordenador y ver si les ha llegado un mensaje.  

Tu columna de El Mundo se titula El mundo de hoy, en referencia a Stefan Zweig.  Te queríamos preguntar por este autor y otros autores de cabecera que tengas

De Zweig me gusta mucho ese libro, El Mundo de Ayer. Sus biografías son todas de una corrección casi ejemplar. Es un gran biógrafo de pequeñas biografías, maravillosas, que uno lee facilisimamente, pero El Mundo de Ayer es el mejor. Cuenta cómo su mundo desaparece. El mundo de la civilización, de la cultura, de la seguridad, de la libertad, acaba devastado por el nacionalismo, por el populismo, por las grandes fuerzas de destrucción de principios del siglo XX.

La evocación que hago es, primero, porque estoy relatando lo contemporáneo en mi mundo y porque hay una cierta esperanza de que estamos todavía a tiempo de corregir lo pasado. Y segundo, es una evocación a lo que pasó entonces, porque las amenazas que nuestro mundo de hoy tiene, evocan a las amenazas del mundo de ayer de Zweig.

¿Qué escritores forman tu educación sentimental como hispano-franco-argentina?

Abarca muchas cosas, pero te hablo más de pensadores porque la literatura es infinita. Yo leía mucho a los rusos y a Stendhal, toda la literatura clásica, pero en filosofía política soy aroniana, de Raymond Aron, de Isaiah Berlin, de Montaigne, de Voltaire, por supuesto. Raymond Aron me parece una grandísima figura y, además, un punto de inteligencia, sentido de la libertad y la humildad realmente maravillosas. Y un visionario. A Isaiah Berlin le conocí en la universidad, cuando él estaba ya muy mayor, y yo le admiraba profundamente. Contaba muchos chistes judíos. Tenía un acento judío muy fuerte y los contaba y se reía de sus chistes, antes de acabarlos. Era un personaje maravilloso. Gran conversador, brillantísimo. Todos sus libros de historias del pensamiento e historia de las ideas fueron para mí un descubrimiento, una revolución.

¿Cuál es el futuro de Cayetana Álvarez de Toledo?

El presente es escribir mis artículos de los lunes y mis entrevistas mensuales, Estoy encantada con eso y, además, me lo paso muy bien. Tengo libertad total, en un momento políticamente difícil y convulso. Una tribuna y libertad absoluta, no se puede pedir más en estos momentos.

Ser cronista de este tiempo…

Vivir con libertad total. Escribir lo que creo, lo que siento, lo que pienso, mejor o peor. Me equivoco seguro, pero con mi responsabilidad y con toda libertad. Eso es un placer.

¿Piensas volver a la primera línea de la política?

Nunca lo he negado, mi vocación es política. Pero me encanta escribir y me encanta ser escritora de la política.

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Javier Fernández
Alfredo Andreu
 

 

Ilustración y fotografías: Alfredo Andreu 

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Alfredo Andreu

Probablemente, ya está todo escrito. Por tanto, mi opinión es irrelevante. Mi única intención al escribir es vencer la pereza y sacar alguna idea en claro. Soy muy de merendar.
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