De: Pablo

Para: Rocío

Asunto: comanches borrachos

 

Querida,

¿recuerdas ese poema de Miguel D’Ors en el que pide que las cuestiones de la vida “vengan en fila india y no como un ataque de comanches borrachos”? Pues en esas estamos. Tanto que tengo que acudir al email en medio del trabajo para poder organizar nuestro rancho, ese lleno de ruido y vida. Cada día me propongo dejar “solucionado” lo del día siguiente y cada noche me desmayo sin acordarme ni de mi nombre. Así que ahí van nuestros comanches borrachos:

 

Además de pasar la ITV del coche, nos quedan por comprar los libros de texto del Tercio español.

Deseando que la librería financie a 12 meses, se despide tu socio en este empresa que es la vida.

Soy muy feliz,

Pablo

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De: Rocío

Para: Pablo

Asunto: Re: Comanches borrachos

 

¿Que eres feliz? ¡Explícame eso! No porque no me lo crea (si fuera así yo sería una desgraciada), pero no quiero que se quede en un formalismo a lo Downton Abbey, que aquí tenemos mucho que hacer y se me va la vida en ello; me refiero a lo de ser felices.

 

Tu Rocío (hoy cuarto y mitad, que vaya noche nos han dado los del Tercio).

 

P.D. Sumo a la lista ir al dentista con la primogénita, hacer la compra del mes, si no quieres practicar el ayuno fuera de plazo, llevar el coche a lavar, buscar los uniformes del cole de los niños en casa de madre (menos mal que no nos cobra por alquiler de espacio), hablando de espacio retirar del armario la ropa de la pequeña que ya solo le entra con calzador, comprar sillas para la cocina (eso o hacer una barra y simular un bar), ¡por cierto! tienes que llamar a tu director de tesis, quedaste con él esta semana y… aunque este quehacer esté en otra liga, tenemos que hablar de este verano, hacer balance, mirar al futuro que se nos viene. Esto también es urgente e importante. Sí, yo también soy feliz.

 

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De: Pablo

Para: Rocío

Asunto: Re:re: comanches borrachos

 

Aun a riesgo de poder protagonizar un nuevo capítulo de “matrimoniadas”, tengo que decirte que me admira tu compromiso con las palabras, y que no aceptes las cosas dichas así, al aire. Desde que te conozco he asistido a ese anhelo tuyo por explicarte la realidad, y ahí entra de lleno el ser conscientes de lo que nos decimos. Sí, soy feliz. Te lo escribía en el email no como firma predeterminada del Outlook, y tu invitación ahora me provoca y me prueba a ver si lo digo de esa manera.

 

¿Soy feliz porque he podido llevar a cabo algunas de las cosas que siempre soñé? ¿o porque mi vida se ha desarrollado no como un plan que en algún momento pude pensar sino como un telar que parece ser tejido desde fuera? ¿quise en algún momento ser padre de 5 criaturas? ¿te soñé en algún momento? ¿en algún momento imaginé que no vivir en el centro de Madrid no me frustraría, es más, que está lleno de sentido? ¿ahí está la felicidad? Porque ahora que lo pienso la copa que nos tomamos hace una semana en esa azotea sevillana, me llenó de, sí, lo puedo decir, felicidad.

 

A todo esto, tras leer tu postdata veo que los comanches borrachos definitivamente nos rodean, pero incluso aquí y ahora seguiría hablando contigo. Como los que van inventando versos mientras caminan hacia las Termópilas. Vaya, eso me ayuda a contestarme un poco, porque me parece que mi felicidad viene de tenerte a ti y de compartir contigo. Compartir así, sin censurar nada, hasta el fondo, en todo.

 

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De: Rocío

Para: Pablo

Asunto: Re:re:re comanches borrachos

 

Entonces, ¿la felicidad es algo en concreto en la vida de cada persona? ¿una circunstancia que se nos da y nos hace felices? ¿o más bien el ser de algo en la existencia, el descubrimiento de la clave que sostiene todo esto?

 

No son preguntas retóricas, no me sé la respuesta ciertamente. Pero se me antoja que la felicidad no puede ser como esos anuncios de Coca Cola en los que se enumeran muchas cosas, variadas, distintas, divertidas y profundas, como darme un chapuzón y tirarme de bomba con los amigos, quitarme los zapatos tras un día duro de trabajo o ver crecer a mi hijo.

 

Algunas cosas nos dan placer y en ellas parece que hay un atisbo de algo bueno, grande y hermoso. Y así es, creo. Tomarse una birra con amigos tras un día agotador es bello, pero ver crecer al hijo muchas veces es doloroso. Aún así lo último parece que esconde algo, como la clave de un misterio, como si pudiera descansar en ello mi búsqueda de sentido, aquello para lo que me han arrojado en este mundo.

 

Creo que para mí, entonces, la pregunta que me debo hacer para saber si soy feliz (más pertinente que preguntarme por la felicidad en general y en abstracto) es cuestionarme si hay algo que dé esplendor a todo cuanto existe en mi vida. Si hay algo que dé unidad a llevar el coche a la ITV, despertarme por la noche porque el bebe tiene hambre, escribir un artículo o comprar pan de molde…Algo que teja todo ello y lo convierta en vocación, en la certeza de que thisistheway, que dice una valla publicitaria al lado de casa. Pero la verdad es que no me imagino que responder a la vocación me diera ningún tipo de felicidad sino fuera porque os quiero a rabiar, porque allí donde estéis yo sé que está mi casa, mi refugio, mi heredad. Quizá, entonces, resumiendo (que soy mujer y casi andaluza ¡imagina mi barroquismo!) la felicidad anda en querer y ser querido. Y que esto sea el motor de todo. Creo que de esto iba una carta que mandó Pablo de Tarso a los suyos.

 

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De: Pablo

Para: Rocío

Asunto: Re:re:re:re: comanches borrachos

 

 

Acabo de leerte en la cola de la ITV (¿irá en los genes masculinos sólo acordarse de la lista de tareas relativas al coche?) y creo que me da tiempo a responder a tu último y lúcido email.

 

Las preguntas sólo son retóricas si se lanzan y no sirven para hacer camino. Y las tuyas son como esos hitos del Camino de Santiago que lo señalan.

 

Aquello para lo que me han arrojado a este mundo tiene que ser algo que déunidad a mi vida, que me provoque que lo que diga, piense, haga y quiera hacer sea lo mismo, o por lo menos parecido. Y que pueda extraer algo de eso de las cañas con los amigos, en el viaje de novios, descifrando el programa PADRE (que va de la renta, no de educación) o apoyado en la puerta de un quirófano dónde acaba de entrar un hijo.

 

Las cosas existen, o mejor, somos más conscientes de su existencia en la medida en que las nombramos y nos las explicamos. ¿Soy más feliz por preguntarme por la razón de mi felicidad?

 

Sí, rotundamente. Y anhelo tu próximo email, o mejor, la cena de esta noche juntos.


Por Pablo Velasco y Rocío Solís

Padres de 5. Hace falta decir poco más

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