No son pocas las consecuencias del encuentro preciado de un servidor con Guadalupe de la Vallina durante los tres días precedentes a este artículo. Entre otras cosas descubrí lugares de mi universidad que no conocía, y en esos lugares historias. La más impactante probablemente sea la visita al fondo fotográfico Ortiz Echagüe, cuya existencia conocía de oídas pero de poco más.

El fondo fotográfico viene a ser un zulo semioculto que bajo mi punto de vista debería ser el centro de la vida de cualquier universitario apasionado por el arte. Tras tres horas de frenético interés constante, me paro a pensar en las historias que hay detrás de aquellas fotos y no se va de mi cabeza una de ellas, la de Joan Colom y Cela.

La joven de esta imagen es la demandante de la que se habla después.

En los años sesenta los libros de fotografía cobran una popularidad comparable a la actual de las gafas de pasta. Algunas editoriales deciden suscribir la moda y se publican numerosos ‘portfolios’ de fotógrafos aficionados y profesionales acompañados de comentarios más o menos acertados. En este caso, la historia de Joan Colom y Cela podría haber sido una más, pero no lo fue.

Joan Colom publica “Izas, Rabizas y Colipoterras”. Cela hace los comentarios. Es curioso que se publique un libro sobre prostitutas en pleno lavado de cara del franquismo sin que la censura se aplique de forma severa. Una teoría que podría explicarlo es la que alude a la relación cercana entre Cela y Fraga, por entonces ministro de Información y Turismo (que entre otras, fue responsable de la promulgación de la Ley de Prensa). Cela se saltó el procedimiento habitual entregando directamente el libro a su amigo, que pudo objetar poco.

Joan Colom y Cela se ven envueltos en una situación de éxito escandalosa. La serie de fotos del primero retrata la vida del Barrio Chino de Barcelona, señoritas de relajada situación moral prestan sus servicios amparadas en una doble vida que pocos conocían. Las fotos, en ese sentido, tienen un cariz revelador. Joan pasea con una cámara oculta improvisada retratando la vida del Barrio, aunque Cela se ve más interesado por la historia de la prostitución que por la de la vida común.

Tras el anonimato de la prostitución existen historias truculentas y florituras esquizofrénicas. ‘Chicas bien’ que ejercen la prostitución casi por inercia mezcladas en un ambiente totalmente ajeno. Aunque la mayoría de fotos retratan a mujeres escalando los últimos metros de su cima, aparece también una joven voluptuosa y reconocible a lo largo de la serie. La susodicha decidió demandar a Joan Colom, quien en una mezcla de éxito fortuito y satisfacción por el calado de su trabajo abandonó su profesión cuando casi llegaba a la cúspide. Quizá sea este uno de los primeros casos de fotografía y derecho a la intimidad. La intención de Joan Colom no era la de denunciar, de hecho es probable que no hubiese más intención que la de mostrar la realidad en su cámara, pero es cierto que los turistas neoyorkinos colgaban en sus paredes las escenas que evitaban frecuentar en sus viajes. Las prostitutas de Joan son elevadas a un plano solo comparable a la doble vida prostituyente.

Joan Colom abandona las florituras sesenteras para dedicarse a retratar la realidad. Sin importarle mostrar los rostros de la desolación y la inmoralidad tan condenada entonces se vio obligado a amedrentar su valentía ante la peligrosidad de su obra. El contable-fotógrafo volvió a su vida normal y siguió retratando en el anonimato de la afición. En 2002 recibió el Premio Nacional de Fotografía y su relación con Cela desapareció casi del mismo modo que había aparecido. La crítica franquista probablemente tuvo noticia escasa de la publicación y fue la rumorología subyacente (el marujeo, que no se vio reprimido ni por Franco) quien otorgó la popularidad mencionada a la publicación.

La prostituta demandante no acudió ni al primer trámite procesal, la demanda quedó en susto y Joan Colom salió airoso de un peligro objetivo. Su fotografía es digna de contemplación, la realidad no se oculta y tampoco es fría, muestra una tercera dimensión: la de las historias que se ocultan tras los ojos.

Os dejo con algunas de las fotografías de la serie:

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Bibliografía

“Izas, Rabizas y Colipoterras”, Ed. Lumen (Barcelona).

“Izas, Rabizas y Colipoteras de Joan Colom i Camilo José Cela, dues visions de la prostitució barcelonina”, del blog Librorum.

“La Barcelona extraña”, artículo publicado en eldiario.es con motivo de la exposición de Joan Colom.

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Luisfer Martínez

Me gusta pensar. A veces lo hago bien y otras no tanto, pero me gusta pensar. En "pensar" incluyo especialmente pensar con gente, no solo, porque cuando uno piensa solo piensa mal.
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