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Eduardo Torres-Dulce (Madrid, 1950) es un hombre que de pequeño soñó con películas y que, años más tarde, se hizo fiscal, crítico de cine y hoy ejerce la abogacía en uno de los despachos más importantes de España. Un oficio que viene compaginando con sus otras pasiones por el western, por John Ford y Howard Hawks, y con su colaboración semanal en el programa de radio Cowboys de Medianoche, junto a su amigo Garci. Habla de forma elegante, tiene gusto por el detalle y pronuncia Truffaut con la seguridad de un verdadero connaisseur. Intercala silencios en sus respuestas, en las que se muestra como un tipo cabal, que se emociona al hablar de Alfredo Landa, del que afirma que era un gran actor y una bellísima persona. Nos recibe recién salido de una reunión y a punto de entrar en otra. Se considera a sí mismo un “old fashioned”, como el cóctel, aunque termina por revelarnos que su debilidad ha sido, y sigue siendo, el Dry Martini. Una bebida, nos asegura, que nadie ha preparado como sus amigos Landa y Javier de las Muelas.

¿Cuándo empieza a escribir como crítico cinematográfico?

Bueno, en eso ha influido mucho el excelente sistema educativo en el que yo me formé. En el colegio de Nuestra Señora de las Maravillas, aquí en Madrid, los Hermanos de la Salle ponían un especial énfasis en todo lo que significara cultura. El centro tenía aulas de música, de teatro, grupos de literatura y un cine fórum, que se celebraba una vez al mes, en el que había que escribir una crítica de cine y, a veces, leerla en clase. Enganché con eso enseguida. Te desarrollaba un poco el espíritu crítico y te acercaba al cine que, por entonces, suponía un enorme entretenimiento. Esa afición la mantuve en los años universitarios y después la continué en diferentes revistas. Pero el origen de esa inquietud fue el cine fórum del colegio Maravillas.

¿Hasta qué punto, los espectadores deberíamos saber reconocer fortalezas y debilidades, más allá de la simple distinción buena/mala? ¿Sabemos ver las películas?

Creo que eso es un terreno delicado porque las películas están hechas para los espectadores, no para los críticos. Y los artistas quieren que la gente vea la obra que han hecho y las disfrute, dentro de lo cual está el concepto de entretenimiento, que es una palabra un poquito menospreciada. El nivel de recepción de una obra de arte, y yo considero todas, absolutamente todas las películas, como obras de arte, se basan en, mayor o menor medida, el espectador que va a verlas y dice, al final, si le ha gustado o no. Y luego depende del grado de reflexión que tenga ante la obra, que podrá analizar si le ha gustado por tal o cual cosa, en donde toda esa reflexión es válida.

Entonces, ¿cuál es la misión de un crítico?

Un crítico es alguien que siente un especial interés por desentrañar las tripas tanto técnicas como artísticas, literarias, temáticas y demás de una obra. En mi caso, yo soy un crítico de periódico, escribo en Expansión, en donde yo sigo las máximas que mis maestros José Luis Guarner, Pedro Crespo y Alfonso Sánchez me han enseñado siempre: dar opinión y explicar la opinión. Si la pregunta apunta a si hay que acostumbrar al espectador a ver las películas… pues bueno, es algo que dependerá del nivel que cada uno se ponga. Si necesita saber más, ya se buscará la vida.

Las series vienen pegando fuerte hace tiempo en lo que se ha llamado ‘Tercera Edad Dorada’ de la televisión. ¿Está de acuerdo con eso de que el mejor cine se ha pasado a la pequeña pantalla?

Bueno, eso es una opinión que como todas las opiniones tiene su parte de verdad y su parte tópica, de no mucha certeza. El cine es el cine, la televisión es la televisión y el audiovisual es el audiovisual. Una película tiene unas características muy especiales, está prevista para estrenarse en sala con unos espectadores que han salido de su casa para verla, lo cual, dentro de la psicología social es realmente importante. Tan importante, que ese esfuerzo por salir de casa, de abandonar el mundo que uno lleva consigo, que cuando se apagan las luces permiten al espectador, si la película es buena, que el interés le rapte, se emocione, participe de la película y le haga olvidarse de los problemas.

Y ese formato clásico de cine, ¿no está en crisis?

Sí, y además han desaparecido los estudios, hay un predominio extraordinario de las estrellas que cortan guiones y hacen lo que les da la gana, las majors de Hollywood ya no son estudios sino, más bien, locales financieros que buscan asegurar inversiones con “películas fórmula” de superhéroes o de catástrofes, muy manidas. Todo ello hace que el nivel artístico, si no ha desaparecido, sí se ha reducido extraordinariamente en lo que se llama cine independiente.

Sin embargo, la televisión ha producido series de gran calidad

Lo que pasa es que ahora en las series hay una conjunción de talento creativo enorme. Pero no perdamos de vista que una serie de televisión no deja de ser un folletín del siglo XIX, una forma en la que se hicieron maravillosas novelas, ojo, como Los Tres Mosqueteros, buena parte de las novelas de Dickens o El Conde de Montecristo. Las series no dejan de ser la renovación de esa manera de narrar, en un medio que ha encontrado mucha más libertad creativa, mayor imaginación y en donde el poder de las estrellas es mucho más limitado. Pero también tiene un reto y es la riqueza narrativa que, antes o después, se agota. Todos hemos visto series que a la segunda o tercera temporada empiezan a fatigarse porque ya no dan más de sí.

¿Ve series?

Soy mal espectador de series. Por un lado, no puedo seguir las emisiones directamente en la televisión, porque me olvido de los pases y me pierdo capítulos. Y eso además hay que sumar que tengo una tendencia a fatigarme. Muy atractiva tiene que ser una serie para que yo siga la trama sin cansarme.

Alguna habrá que le haya enganchado

Me interesó mucho The Wire, House of Cards, de la que he visto sólo dos temporadas, Mad Men, que le gustaba más a mi mujer y yo en cambio entraba y salía de la serie. Homeland me gustó mucho su primera temporada, pero en la segunda me cansé. También me entusiasmó Sherlock, de la BBC, porque soy muy holmesiano, pero la empecé a ver artificialmente sofisticada y me salí. Es decir, no soy seriéfilo. Me llama la atención cómo hay tanta gente con tiempo para ver tres y cuatro series simultáneamente. A mí me pasa que o no me acuerdo de seguirlas o me terminan fatigando.

Pues The Wire no es corta precisamente…

Y tanto, pero esta serie me interesó porque una de sus virtudes era dedicar cada una de las temporadas a un tema distinto: al periodismo, al narcotráfico, a la fiscalía. Y eso te da una cierta unidad. También me interesó mucho Breaking Bad, donde me llamaba la atención cómo Walter White sería capaz de escapar de los continuos rizos que se iban produciendo. A veces, exageradísimos. Durante mucho tiempo se ha hablado del cine como exageración y ficción, pero la mayor parte de las series tiene una capacidad de estirar tanto la ficción que, a veces, deja de interesarme. Entre una excelente serie y una excelente película, prefiero la película. Soy old-fashioned.

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Vayamos al género que le fascina: indios y vaqueros. Decía Scorsese, por boca de unos personajes, que la razón por la que gustaba tanto el Western es porque reflejaban bien los problemas de la gente. ¿Qué le fascina tanto de este género?

Bueno, si me ponen al lado del Western la comedia clásica, no sabría con cuál quedarme. En concreto, la comedia que se hizo desde 1930 a 1965 me produce un especial placer. Son los dos géneros que más me gustan. El Western comprende un periodo de tiempo muy largo que se inicia desde los comienzos del cine. Por tanto, cuando yo crecí el universo Western estaba en nuestras vidas. En esa época leías tebeos y novelas del oeste, veías películas del oeste, jugabas a indios y a vaqueros. Y claro, todo ese universo en el que está lo lúdico y está tu diversión, pues está tu cabeza y tu imaginación. Querías ser como John Wayne o asaltar una diligencia, querías vivir en el Oeste, que debía ser incomodísimo en aquel tiempo. Entonces has crecido con esa mitología, esa es tu infancia y esa es la razón por la que nos fascinan las películas del Oeste a tantos, porque nos han hecho soñar. Garci dice que el cine es una vida de repuesto. Bueno, para muchos chavales jugar a indios y a vaqueros era invadir las películas en lo cotidiano.

En su libro Jinetes en el cielo analiza tres películas de John Ford: Fort Apache, La legión invencible y Río Grande. ¿Cuál es el hilo conductor invisible de la ‘Trilogía de la Caballería’?

Ford afrontaba por aquel entonces una necesidad de remontar el fracaso que supuso El fugitivo, que había hecho con su productora, Argosy Pictures. La película es una alegoría cristiana del pecado, de la culpa, del sacerdocio y de la fe. Con ella tuvo un fracaso grande y, a raíz de eso, busca recuperar la productora. Piensa que las películas que dan dinero son las del Oeste y si tienen a John Wayne, pues todavía más. Ese es el motivo que le moviliza, un motivo de carácter económico-industrial. Porque el Oeste forma para él parte de la historia del país y le permite contarla desde su punto de vista, hablando de los valores y principios que, para Ford, dan sentido a la vida: la familia, la patria, el honor, el sacrificio, el coraje, la mentira histórica, el autoritarismo, el maltrato a los indios, etc. Río Grande, sin embargo, es una película anti-india claramente. A Ford le gustaban los cuentos de James Warner Bellah, y ve en ellos un buen material para hablar de la vida cotidiana del Oeste. No solamente el de las grandes gestas, que también, sino de cómo era la vida en los fuertes, cómo era la vida de los militares, qué cosas les preocupaban en aquellos puestos tan alejados de la civilización.

Decía Michael Caine que John Huston era un director de hombres, que sus películas siempre hablaban de virilidad. ¿Cómo son los Westerns de John Ford?

Yo creo que Ford tenía una personalidad más fuerte que Huston. En los Westerns él proyectaba parte de sus fantasías, parte de sus frustraciones vitales, que las tenía también, y luego todo su amor por la literatura, por la historia de su país. Al final, de lo que tratan siempre las películas de Ford es sobre seres humanos y acontecimientos humanos, en un momento en que la historia de su país se estaba haciendo. Esta idea de que las historias del Oeste constituían los mitos y las leyendas, de los cantares de gesta propios de la Edad Media, que Estados Unidos no tuvo, aparece en su libro de entrevistas con Bogdanovich. Hay que tener en cuenta que Estados Unidos empezó a formarse en el siglo XVII y cristalizó a finales del XVIII. Por eso la mitología de su Edad Media es la conquista del Oeste.

Una de las películas más influyentes de Ford es Centauros del desierto, que llevaba por título original The Searchers. ¿Qué buscan los personajes del género?

Depende de los directores. Lo que hizo tan rico al Western fue la cantidad de directores, guionistas y actores con personalidad y tan distintos entre sí. Mientras el Rancho Notorious de Fritz Lang trata de esa rueda del destino que lleva asesinato, odio y venganza, el Johnny Guitar de Nicholas Ray es la historia de una pasión amorosa que devasta absolutamente todo. Centauros del desierto es la destrucción de una familia y la reconstrucción del recuerdo de un amor perdido, con el enfrentamiento a muerte entre dos culturas totalmente distintas como la india y la blanca. Los westerns de Anthony Mann eran, en cambio, profundamente individualistas y tratan fundamentalmente de cómo afrontar la violencia y cómo superar los problemas que conlleva. Los de Sam Peckinpah son de gente románticamente desesperada, son outlaws, bandidos a los que Peckinpah mira con mucho cariño, pero que no dejan de ser personas que, si te las encuentras, serían muy desagradables. A Raoul Walsh lo que le interesa contar es la satisfacción de vivir de forma aventurera, lanzándose directamente a la acción. Hay Westerns psicológicos como El pistolero, hay westerns políticos como Incidente en Ox-Bow y Westerns freudianos como Pursued de Walsh. Es un terreno muy rico.

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En Centauros del desierto una de las cosas más misteriosas y que llaman la atención del espectador, tiene que ver con todo lo que no se dice. De dónde viene Ethan, qué historia hay detrás de su personaje… En definitiva, lo que no se refleja de forma explícita. ¿Qué papel juega la sugerencia en el cine?

Has dicho una cosa muy importante: lo que no se ve, pero se sugiere. Ford, que viene del cine mudo, intenta que todas las cosas estén en la pantalla, en objetos o en gestos, para que el espectador que quiera lo tome. Creo que el cine se basa fundamentalmente en conceptos visuales, y creo que elipsis y sugestión son muy importantes para llegar a la emoción, que es el factor más importante en el cine. Desde los clásicos siempre se ha buscado eso, una profunda conmoción del espectador.  

¿Se ha sustituido actualmente este género por las películas de superhéroes?

No. Yo creo que el Western es insustituible en sí mismo. Lo cual no significa que no haya elementos western, por ejemplo, en La guerra de las galaxias o en Outland de Peter Hyams, y en otras tantas películas. Pero sí, evidentemente existen influencias. El cine Negro rescata cosas también y los géneros se van fusionando. El ejemplo más sincrético de la fusión de géneros probablemente sea la Ciencia Ficción. Pero creo que la transmutación del Western a otros géneros no se ha producido. Sencillamente porque los iconos clásicos del héroe, la búsqueda, el descenso a los infiernos, el mito de Sísifo o Ulises, no son exclusivos del Western. Esos son las concepciones clásicas de los héroes, de los personajes y del desarrollo de la trama. Todas las historias están ya contadas, pero evidentemente todo depende de cómo las cuentes. La imaginería esencial del Western, el macizo dramático del género, está situado muy específicamente en un momento histórico y en unas coordenadas históricas, y eso no tiene proyección posible. Por eso no me gustan los spaghetti western, porque no tienen una situación geográfica. Son extravagantes, son todo tics alrededor de lo que es el Western.

¿No le gusta Sergio Leone?

Ni él, ni Corbucci.

Pues Tarantino les debe mucho

Tarantino en sus dos últimas películas, Los odiosos ocho y Django, tiene cosas que me gustan mucho y, de repente, cosas que me sacan absolutamente de situación. En cambio, a Garci le gusta mucho Django, y a mí me parece que está muy bien hasta que se centra en el tema de la esclavitud y ese baño de sangre que es más de Reservoir Dogs. Ahí se pierde. El que sí se ha sabido reciclar y ha conectado más con la mitología del Oeste ha sido Eastwood con The outlaw Josey Wales o El jinete pálido. O, por ejemplo, con Sin perdón, en la que se percibe una poética, algo que no tenía Leone. Hablando en términos aristotélicos, no había dramaturgia, si me pongo pedante. Lo que tenía era imaginería poderosa, eso sí. Pero sus películas no me interesan. Me parecen falsas y artificiales.

Quizá porque Leone intentaba hacer cine americano siendo italiano

Claro, a él le gustaban indudablemente las películas americanas. A otros niveles es lo que intenta también hacer Goddard en À bout de souffle, una película de serie B americana, lo que pasa es que a él no le sale. No le sale en el mejor sentido de la expresión. De repente, él se da cuenta de que quiere hacer otra cosa, pero lo que le hubiera gustado hacer, desde un principio, era una película americana. O el propio Truffaut, que intenta hacer lo mismo en Tirez sur le pianiste y, sin embargo, es una película muy francesa. No es un Noir, es un Truffaut. Pues esto igual: es un Leone. Él coge los elementos del Western, los decanta cogiendo un poco de Los 7 magníficos, un poco de acá, de allá y monta esas películas que, bajo mi punto de vista, no tienen ninguna poética y en las que no hay ningún romanticismo. En cambio, Peckinpah, que es tan violento o más que Leone, tiene un profundo romanticismo. De Grupo salvaje podrá decirse lo que sea, pero exuda desesperación romántica, cosa que en el caso de Leone me deja indiferente, con personajes que me parecen de guiñol.

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¿Por qué parece que el Noir ha sobrevivido mejor que el Western, siendo también un género clásico?

Sí, tienes toda la razón, es verdad que es el género que junto a la Ciencia-Ficción mejor ha sobrevivido. Pura y simplemente porque el Noir es un género urbano, y como nos hemos desarrollado de forma urbanita, todos sus elementos propios han ido evolucionando al Neo Noir. Cada generación encuentra un Noir distinto, por lo que el que se pueda hacer ahora no tiene nada que ver con el de los años 40. No tienen nada que ver, aunque el formato y las circunstancias sean las mismas.

¿Cuál serían los temas del Noir de ahora?

No, los temas son los mismos siempre: la corrupción, la individualidad, el sacrificio, la brutalidad violenta, la sensualidad, la sexualidad, la venganza… Yo creo que la película que permite girar al Noir es A quemarropa de John Boorman. Es la primera que introduce el siguiente escalón en el género, que estaba poco desarrollado desde el del los 30, 40 y 50. A partir de John Boorman, con esa presencia de Lee Marvin, el Noir empieza a ser otra cosa completamente distinta; tiene un enorme bache, como todo el cine de Hollywood de los 70 y empieza a recuperarse en los 80. Ahora es más Tecno Noir en muchos aspectos. Es un género que tiene el enorme peligro de la deshumanización y de la burocratización de la violencia.

La otra película que puede hacer girar al género después de Boorman es, desde mi punto de vista, Sospechosos habituales, que introduce un aspecto de reflexión intelectual interna. Son las dos películas que pueden significar unos hitos, aunque luego hay más.

En su libro Armas, mujeres y relojes suizos habla de El tercer hombre. ¿Qué sociedad prefiere: la del reloj de cuco o la del renacimiento y Da Vinci?

Si no voy a vivir en ella preferiría, desde luego, la del Renacimiento. Si voy a vivir en ella me temo que Suiza es mejor país en los tiempos que corren [Risas]. Uno mira para atrás, como hace Allen en Midnight in Paris, eso de que siempre nos gusta una época en la que no hemos vivido, mientras que a veces se apostata del propio tiempo, y se anhelan otras épocas como la de los Borgia, los condottieri, de los tercios españoles entrando y saliendo de las ciudades italianas, de Francisco I, con la peste circulando y el cólera por la ciudad… A mí dame vivir en Madrid en los años noventa y dos mil. Artísticamente, ese discurso tiene toda la razón que, anecdóticamente, es lo único que aportó Welles a la película, porque el guión es de Carol Reed y de Graham Greene.

Sí, pero parece que Welles la ha monopolizado completamente

Sí, la verdad es que la película tiene un aspecto Welles notable hasta que ves otros trabajos de Carol Reed. Entonces, te das cuenta de que es un director excelente y de que es la clásica película del movimiento estético que más influyó hasta la llegada del neorrealismo, y que sigue influyendo: el expresionismo. Es el caldo de cultivo donde se forma Hitchcock a las órdenes de Lang y John Ford a las órdenes de Murnau. Es el que más cambia todo. El Noir debe todo al expresionismo. Con la llegada de los alemanes que trabajan en Hollywood y después, sin ningún género de dudas, tanto en el aspecto formal como también en la presencia del Mal, los súper malos, la presencia del hombre cotidiano atrapado en la rueda del destino, todo eso está en el expresionismo. Luego llega el Neorrealismo y la Nouvelle Vague, desde la que ya no ha habido ningún movimiento estético que haya cambiado la historia del cine, ninguno. No lo hay. El último gran movimiento estético que influye en el cine es la Nouvelle Vague. Se acabó (NdR: golpea la mesa con los nudillos). De la Nouvelle Vague se entiende también los nuevos cines y tal… pero desde los años 60 no hemos tenido ninguna propuesta estética en el cine que lo haya cambiado. La utilización de nuevas tecnologías, por supuesto que sí, el avance en medios técnicos, sin ningún género de dudas. Pero nadie ha dicho “vamos a cambiar”.

¿Cuáles son hoy sus directores favoritos?

Me interesan mucho Wes Anderson, Tim Burton y Christopher Nolan.

Háblenos de ellos

A mí me gustan los directores que proponen cosas distintas, es decir, a los que les gusta, en definitiva, dirigir películas. No solamente contar cosas, que está muy bien por otra parte, y ese es el tipo de director que más me interesa. James Gray me parece un estupendo director y lo sigo siempre con muchísimo interés. Me interesaba mucho David Lynch, aunque ahora ya no tanto. Ese tipo de directores son los que me atraen más. Todas sus películas son interesantes, son personales, hacen propuestas y no son funambulistas como el otro Anderson, Paul Thomas Anderson, que me parece un fumista y otros directores… Creo que hay directores muy interesantes a los que hay que seguir, jóvenes y no tan jóvenes, porque Tim Burton es de otra generación y Christopher Nolan es un poco más de la siguiente y luego ya vienen Wes Anderson…

¿Vio El gran Hotel Budapest?

Sí, sí, es un director que avanza cada vez más y se arriesga siempre. Cualquier película suya, incluida la del zorro, Fantastic Mr. Fox, te pueden gustar más o menos, pero yo digo que ahí hay un director. Ahora mismo, puede que no haya tantos directores que dirigen, es decir, que saben lo que es la puesta en escena, por qué ponen la cámara de una determinada manera, por qué planifican así, por qué dirigen así a los actores…En resumen, lo que se conoce por dirigir. Os diría que hay muy pocos que sepan dirigir y que quieran hacerlo.

¿Woody Allen?

Bueno Woody Allen tiene su propio estilo, pero me estoy refiriendo a los más jóvenes. Ben Affleck es otro director y actor que me interesa mucho, todo lo que ha hecho me gusta mucho. De todos esos que digo, siempre voy a ver la película, que luego me gustarán más o menos, pero son directores con mucha personalidad.

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Cambiamos de tercio y nos venimos a España. Decía José Luis Cuerda que aquí se hace una muy buena película al año, dos o tres que no están nada mal, otras dos o tres que podrían haber estado bien pero que no han estado bien, y todas las demás son pésimas o muy malas. Eso sobre 150, pero en EEUU sobre 1.500 se repite el esquema. ¿Está de acuerdo? ¿Es el talento el problema en el cine español o lo son otros?

Ha superado un bache como es la pérdida del público. Eso es peligrosísimo para un cine nacional. Hay muchas razones para la desafección del público, desde la invasión de las pantallas por los americanos, pero también porque no propones películas que lleguen al espectador. Pero cuando haces Ocho apellidos vascos o La isla Minima la gente responde. Yo creo que de 6 o 7 años a esta parte, directores y productores han empezado a hacer proyectos muy personales, no mirando solamente las subvenciones. Es verdad que dependemos demasiado de Antena 3 y Telecinco, que las películas de tipo medio, donde por ejemplo está el cine francés, aquí han desaparecido. Que una película sólo pueda recurrir en su producción o al crowdfunding o al protectorado de Antena 3 o Telecinco, es muy grave para la industria. Se ha vuelto al cine de género, lo cual es bueno, tanto al Noir o la Comedia como a la Animación, que es excelente en España. Yo creo que si eso se sigue desarrollando con talento podrán salir adelante mejores proyectos y el público volverá, poco a poco, a ver las películas. Y hay de todo, desde Alberto Rodríguez que es un director que me interesa, a Daniel Monzón o Emilio Martínez-Lázaro que lo sigo hace tiempo…

¿Qué le ha parecido lo último de Raúl Arévalo?

Un debut muy interesante y eso que no es mi tipo de película. Pero reconozco que ahí hay alguien que quiere contar algo y sabe hacerlo. Está también Enrique Urbizu, que me parece un director artesano en el mejor sentido de la palabra, y lo digo con admiración. Ahí hay un grupo de directores sin grandes pretensiones pero que quieren contar cosas. Luego están los que tienen pretensiones y no me parece mal que las tengan, como en el caso de Amenábar o J. A. Bayona, del que todavía no he visto la del monstruo, pero es un director muy talentoso junto con todos los que se han ido a Hollywood como Jaume Collet-Serra, otro director muy apreciable. Ahora mismo el panorama del cine español, siendo más un archipiélago de películas que un continente, si se puede decir así, asoma la cabeza.

titular5Pasemos a tu faceta de cineasta que ejerciste con el guión de Holmes y Watson. Madrid Days. ¿Cómo es trabajar con Garci?

Que no, que yo no he escrito ningún guión. Esto es un error de internet, una leyenda urbana [Risas]. No a ver, yo escribí el argumento inicial que se parece relativamente poco a lo que fue finalmente la película. Pero de ahí no pasé. Alguna vez he pulido guiones ajenos o he podido ayudar en algo, no te digo que no. Y he escrito argumentos para directores, pero con Garci no he trabajado nunca. Nos limitamos a hablar de una idea en el caso de Holmes y Watson… pero luego él la desarrolló por otro sitio que, lógicamente, le interesaba más.

Y siendo tan aficionado y experto en cine, ¿cómo es que nunca te ha atraído dirigir o escribir más guiones?

Si me hubieran ofrecido escribir un guión pues a lo mejor me habría puesto a ello. ¿Tengo ideas? Pues sí claro, como todo el mundo tiene ideas. Lo que pasa es que como decía mi buen amigo Landa hace falta “papel Galgo en blanco y Olivetti”. Recientemente me han hecho una oferta de escritura de guión y ya pensaré si tengo ganas, disposición y tiempo para escribir, aunque dije que sí [Risas].  Un productor me dijo que quería que yo escribiera algo y me preguntó si tenía una idea. Le dije que sí, se la conté y le interesó. Ahora trataré de sacar el tiempo para ponerme a ello, a ver qué pasa porque, ¡nunca he escrito un guión! Me parece una tarea muy difícil. Admiro extraordinariamente a los buenos guionistas.

titular4En Cowboys de Medianoche ha comentado alguna vez que trató una vez con Rafael Azcona. Háblenos de él.

A Azcona lo conocí a partir del trato que mantuve con Berlanga los últimos 15 años de su vida. Alguna vez que iba al bar de Royalty, donde escribían las películas, lo veía. Pero no dejaban de ser encuentros casuales más que un trato continuado en el tiempo. En cambio, si alguna vez iba por París, solía quedar con Éric Rohmer, que siempre se pedía un té, o con Truffaut con el que también he mantenido varias conversaciones sobre cine.

También con Landa, ¿no?

Bueno, es que Alfredo ha sido un amigo entrañable. Lo conocí en el año 89 y, desde entonces, fuimos amigos hasta que murió. Hemos viajado juntos, hemos comido y cenado juntos, hemos estado cerca en muchos avatares de la vida…

¿Cómo lo definiría?

¡Un talento extraordinario! Miguel Mihura me dijo una vez que Landa era el único actor al que no podía enseñarle nada. A todos les había puesto pegas, decía, pero a Landa, imposible. Era insuperable. Y muchos han subrayado eso de él, lo extraordinario que era y el talento natural que poseía para ver el punto del personaje y fundir su personalidad con la ficticia. Landa no es Germán Areta, y Areta es un personaje vivo, creíble. Landa no es el de Los santos inocentes o el de las comedias de Mariano Ozores, y hace una interpretación estupenda. Él lo daba todo y tenía un instinto personal para descubrir lo que necesitaba el personaje. Además de todo eso, era una persona intachable, un gran amigo. La gente no lo ha valorado lo suficiente porque se valoran antes otras cosas: el dramatismo, las caracterizaciones… Howard Hawks decía siempre: “Dadme actores naturales”. Actores con una personalidad propia que la cuelguen sobre el personaje. Hawks no quería explicar los personajes de John Wayne, porque decía que cuando Wayne entraba en escena aportaba lo suyo y lo del personaje.

Se lo tenemos que preguntar: ¿cómo se prepara un “Martini a lo Landa”?

[Risas] Pues él tenía un método consistente en guardar la botella de ginebra en el congelador y utilizaba Noilly Prat de vermú. De tal forma que con los cubitos de hielo que se habían formado en la ginebra, al mezclarlo con el vermú, adquirían todo ese perfume y lo mezclaba todo bien en la coctelera. Salía una bebida potente, para gente que supiera beber. No he tomado mejores Dry Martinis que los que hacía Alfredo. En Madrid, en el Hotel Fénix se puede tomar ahora el mejor Dry Martini de España, probablemente.

Justo le íbamos a pedir que nos recomiende un bar de copas

Pues el Dry Martini de Javier de las Muelas, en el Hotel Fénix. Sin duda. Tiene otro en Barcelona. Y cualquier cóctel que pidas. Antes estaba también Diego Cabrera en Bárbara de Braganza, donde también los preparan muy bien. Pero ahora ya me muevo menos.

Cambiamos de tercio. Su programa de radio Cowboys de Medianoche lleva más de 300 emisiones en las ondas y cuenta con una parroquia de fieles seguidores. Imagino que guardará muchos recuerdos. ¿Hay algún programa memorable?

Recuerdo uno cuando estaba muy tocado de salud Alfredo Landa, que lo hicimos en su casa. Ese lo recuerdo de un modo muy especial, todavía se me ponen los pelos de punta… Hicimos otro por la noche con el guionista Carlos Blanco, donde contó sus experiencias en Hollywood y cuando estuvo en Toledo con Ava Gardner, de la que siempre contaba la anécdota de cuando le pidió matrimonio debajo de la figura del Cristo de la Vega al que puso, como en la leyenda, por testigo. Y entonces le recitó aquello de A buen juez, mejor testigo, en donde el tipo le pide matrimonio a una mujer, luego niega haberlo hecho y, entonces, la mujer le demanda ante el juez, el cual cita por testigo al Cristo, pidiéndole que diga verdad. Y el Cristo bajaba la mano y decía: “sí, juro”. Y en la figura se ve cómo la mano del Cristo está desclavada del madero. Ese programa con Carlos Blanco fue memorable.

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También comparte mesa con Luis Alberto de Cuenca en el programa. ¿Qué poesía lee?

Luis Alberto y yo somos amigos desde muy jóvenes y me honro en su amistad. Es un ser humano excepcional y un poeta enorme. En el programa, a veces, no nos damos cuenta de que tenemos al lado un poeta que va a trascender largo tiempo. La poesía me ha entusiasmado siempre. Desde el Cantar de mio Cid a la poesía rusa. No tengo fobias de ningún tipo. Me gustan todo tipo de poetas: masculinos, femeninos, antiguos y modernos. Mark Strand, que le gusta mucho a Javier Marías, Emily Dickinson, Elisabeth Bishop, José Antonio Muñoz Rojas, que tiene un libro sobre la vida del campo extraordinario. Lorca, Cernuda, Lope de Vega… en fin, me gustan todos. Desde Homero hasta ahora, cualquier expresión poética me llega.

¿Para cuándo ese libro prometido a Garci llamado Río Faulkner?

[Risas] ¡Río Faulkner! No sé si tendré tiempo y salud para escribir ese libro. Esto es algo que empezó siendo un artículo en el que quería hablar sobre si hubiera sido posible que dos personas tan diferentes como eran Faulkner y Hawks, en caso de llegarse a conocer, hubieran podido hacer cosas juntos. Y al irme metiendo en el artículo y documentarme, pues empezaron a salir cosas y aquello empezó a crecer en extensión y me di cuenta que eso iba para un libro, más bien. Y para eso ya necesitaba más trabajo, claro, y tiempo, que no he tenido, para sacarlo adelante. Pero me gustaría reescribirlo algún día si Dios me da salud y tiempo.

En el libro de “Armas, mujeres y relojes suizos” dice, a propósito del final de El Show de Truman, que la ecuación del hombre encadenado se resuelve en la libertad, en encontrar esa puerta, así que en relación a su afición al cine y su dedicación al derecho ¿dónde acaba una afición tan profunda y dónde empieza la vocación?

Son cosas completamente distintas. La vocación por el derecho está ahí, en el oficio de cuarenta años como fiscal y uno como abogado. Respecto al cine, mi padre insistía mucho en que uno no es buen jurista si no tiene una inmersión en la realidad social y dentro de eso en la cultura, en lo que significan en general las armas culturales. Eso da un poso que permite huir de la frialdad de la aplicación de la ley. Yo he procurado seguir esa máxima de mi padre a lo largo de la vida.

Javier Fernández

 

Ilustración: Alfredo Andreu 

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Alfredo Andreu

Probablemente, ya está todo escrito. Por tanto, mi opinión es irrelevante. Mi única intención al escribir es vencer la pereza y sacar alguna idea en claro. Soy muy de merendar.
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