Silencio

Ayer ABC dio a conocer que tres periodistas españoles habían desaparecido en Siria. Eso ya lo sabíamos todos (o casi todos), pero es algo que no se debería haber hecho público y puede tener consecuencias.

Desde hace mucho tiempo hemos oído que tenemos derecho a recibir toda la información sobre todo lo que sucede. Con internet todo esto ha dado un paso más y nos creemos que somos tan importantes como para enterarnos al instante de que se produzca la noticia. Y si ocurre algo y no nos lo dicen, aunque no tenga ninguna repercusión en nuestra vida, nos enfadamos y culpamos al sistema de someternos a él, de escondernos información y de no estar permitiéndonos ser libres.

Puede que eso sea cierto, pero en el caso de estos periodistas (Antonio Pampliega, Ángel Sastre y José Manuel López) deberíamos tener en cuenta otros factores como, por ejemplo y en primer lugar, su seguridad.

Siria, ahora mismo, está en una situación muy compleja, en una guerra civil desde 2011 que no parece que vaya a finalizar a corto plazo. Demasiados bandos (el régimen de Al-Assad, los anti-régimen, los kurdos, el ISIS, el Frente Al Nusra…) como para buscar y negociar un rescate por los periodistas, en el caso de que estén secuestrados.

Desde hace nueve días el Ministerio de Exteriores estaba al tanto de que se había perdido el contacto con Antonio, Ángel y José Manuel. Desde hace nueve días, las familias y varios medios de comunicación lo sabían. Y ninguno lo había publicado. Pero las ansias de lanzar un bombazo comunicativo han ganado en ABC, que ha decidido gritar que “TRES PERIODISTAS ESPAÑOLES SON SECUESTRADOS EN SIRIA”. Además, ¿es lo mismo secuestrar que desaparecer?

Pero a lo que íbamos, como explica Iñigo Ugarte, la medida más importante en un primer momento es callarse. De hecho, es la medida que toman las familias y los medios de comunicación en casos como éste. Manifestar que han desparecido tres periodistas aumenta las posibilidades de que un segundo grupo (en el caso de que estén secuestrados) busque hacerse con ellos y no precisamente para liberarlos, sino para presentar su cadáver como trofeo. Así, las familias han lanzado un comunicado en el que piden paciencia y respeto, a la vez que “la mayor discreción posible tan necesaria en momentos como éstos”. También han señalado que no ofrecerán ninguna rueda de prensa. Del mismo modo, el Gobierno ha reclamado tranquilidad. Ya se consiguió liberar a Marc Marginedas, Javier Espinosa y Ricardo García-Vilanova hace un año de las manos del ISIS.

Pero no debemos olvidar que todavía no sabemos si están secuestrados. Caben más opciones. Unas que serían horribles, pero más que probables en una ciudad (Alepo) en la que coinciden varios frentes y que se bombardea, algunos días, más de dos veces por hora; y otras, mucho más inocentes, como que han perdido todos sus medios para comunicarse con sus familias. De momento no sabemos mucho, pero, por si acaso, quizá sea mejor no saber más. El silencio puede ser su mejor aliado.

 

Escrito por Manuel de La-Chica: Estudio Filosofía y Periodismo. Todavía no he perdido la ilusión por cambiar el mundo, y creo que ese cambio es posible con la comunicación. Por eso, he comenzado a escribir en Oblitans.
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