Muchos de nosotros coincidimos en que hay historias que jamás pasarán de moda, y “Tiburón” de Steven Spielberg es una de ellas. La película de 1975 trajo consigo un nuevo género que resultó ser un auténtico éxito, el monstruo marino quedaría grabado en la mente de todos los que alguna vez la hemos visto y que ha hecho pensarse a más de uno el hecho de volver a meterse a chapotear en la playa en pleno verano.

Jaws-Spielberg

Pocos sujetos  han atemorizado tanto por su superioridad en el agua, pero si existe alguno capaz de hacer que el tiburón de la película parezca una ovejita, aparecería diez años más tarde, un 30 de junio de 1985 en Baltimore, Estados Unidos. Un nombre que quedará grabado para siempre en la historia, Michael Fred Phelps.

Michel Phelps descubrió la natación con siete años gracias a sus padres y sus hermanas, y a la temprana edad de once años ya destacaba por poseer un talento fuera de lo común. El estado de Maryland no se imaginaba que aquel niño, que tenía miedo a meter la cabeza debajo del agua en la piscina, sería a día de hoy el mejor deportista olímpico de toda la historia. Con 15 años se convirtió en el americano más joven en participar en unos Juego Olímpicos.

Sidney 2000 sería testigo del nacimiento de una leyenda. No consiguió por aquel entonces alcanzar el podio, pero la venganza es un plato que dice servirse frío, y Phelps se lo tomó al pie de la letra. Al año siguiente ganó su primera medalla en los mundiales de natación en Japón y justo después de graduarse en el instituto batió la friolera de cinco récords mundiales, nada comparado con lo que vendría después.

Atenas 2004 resultó ser el punto de inflexión, donde con 19 años alcanzó el Olimpo de los deportistas. Ganó 8 medallas olímpicas, 6 de ellas de oro e igualó el record de más medallas en unos únicos Juegos, que poseía el gimnasta soviético Aleksandr Dityatin.

Pero los genios, tanto en el deporte como en el resto de disciplinas, tienen un lado oscuro y después de su éxito en Atenas fue detenido por conducir bajo la influencia del alcohol tras saltarse un stop y, a posteriori, publicaría fotos fumando marihuana.

Tras el éxito cosechado en Atenas, Phelps no lo dudó y siguió a su entrenador Bob Bowman a la universidad de Michigan en Ann Arbor, donde se matriculó en marketing y organización deportiva, entrando  a formar parte del equipo de natación de la universidad: el club Wolverine.

Beijing 2008 supuso la consagración absoluta para el ya por entonces conocido como el “Tiburón de Baltimore”, ganó 7 oros olímpicos, estableciendo récords del mundo en seis de sus victorias, exhibición tras exhibición, nos dejo pegados al televisor aquel verano. Fue uno de esos momentos en los que todo el mundo es capaz de ver donde acaba el hombre y empieza el mito. “You can´t put a limit on anything” es probablemente su frase mas recordada y aquella que mejor resume su carácter de competidor nato, de aquel hombre que tras ganar las carreras no sonreía, mostraba rabia e iba sin dudar a por la siguiente, y del que solo una leve sonrisa en el cajón mas alto del podio nos hacia pensar en él como una persona cualquiera, y no como el mayor asesino de récords que hayan conocido las piscinas de todo el mundo.

Se convirtió, superando a Mark Spitz, en el atleta olímpico con mas oros de toda la historia. Y en Londres 2012, los que al parecer serían sus últimos Juegos, volvió para hacer historia y ganar seis medallas, 4 de ellas de oro y dos platas, estableciendo el récord del atleta con más medallas en toda la historia que poseía Larisa Latynina (18) y pulverizándolo con una nueva marca de 22 medallas.

Tras los Juegos de Londres anuncio su retirada de la natación, y solo 20 meses ha conseguido aguantar Phelps sin competir, por aquello de los genes de campeón que comentan algunos, imagino. En abril de este año anunció su vuelta a la competición en Arizona donde solo el también nadador Olímpico Ryan Lochte fue capaz de batirle. Su idea inicial es dedicarse a carreras de corta distancia (50-100m) y evitar los grandes esfuerzos que suponen las distancias ligeramente más largas, las especulaciones acerca de verle en Río de Janeiro en 2016 continúan y a día de hoy nada es seguro (segundas partes nunca fueron buenas), excepto que el miedo que suscita en sus rivales sigue siendo el mismo y que nuestro “Tiburón” moderno sigue siendo un espectáculo por el que bien vale pagar una entrada.

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Luis Portugués

A ver, tampoco tanto.

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