Un año después de “Born & Raised” vuelve John Mayer con “Paradise Valley“, y ya es su sexto álbum de estudio. Famoso por su versión en directo del mítico “Free Fallin'” de Tom Petty, lo cierto es que el cantautor de Connecticut no se ha quedado anclado en el éxito del pasado, y sus dos últimos discos atestiguan la evolución del pretendido sucesor de Ryan Adams. Con Born & Raised empezó a sonar un poco más acústico, en el que para muchos es su mejor álbum, y ahora con Paradise Valley sigue la misma senda, aunque con un par de tropiezos. Pero vayamos poco a poco.

 

El álbum abre fuego con “Wildfire“, escogido como segundo single, y que sin ser una gran canción no está mal para empezar. Muy de verano, es una canción de pop con grandes momentos y un bajón tremendo hacia la mitad. A continuación “Dear Marie” nos devuelve al álbum anterior, y supone el primer gran tema del disco. Una canción sencilla, sobre un viejo amor del pasado, en el que la guitarra acústica es la tónica hasta que se impone ese final tan powerpop, que le sienta bien. “Waiting On The Day” es el otro gran tema del disco, y sigue la misma línea de guitarra acústica.

 

A continuación con “Paper Doll” empiezan los primeros patinazos, y es que la canción no podría ser más tediosa y previsible. El vídeo tampoco ofrece mucho más. “Call Me The Breeze” empata el partido con un blues muy bien resuelto, hasta que llegamos a “Who You Love“, y John Mayer se mete un gol en propia por la escuadra, o se lo mete Katy Perry, aún no lo sabemos bien. “I Will Be Found” aprueba aunque el daño ya está hecho. A continuación otro “Wildfire” con Frank Ocean, que no aporta gran cosa, salvo su cotizado nombre al disco.

 

Así llegamos a la parte final del álbum, las tres últimas canciones, después de que las buenas intenciones iniciales se fuesen al garete a medio camino. “You’re No One ‘Til Someone Lets You Down” recupera brillantemente el tono del principio, en el que incide igualmente “Badge And Gun“, para cerrar el disco con la discreta “On The Way Home“. Tres canciones que hacen que más o menos olvidemos lo ocurrido y disfrutemos un disco con grandes momentos, pero muy irregular en líneas generales, que aunque lo intenta no logra superar la estela del gran Born & Raised.

 

Lo cierto es que es un buen álbum para éstos últimos días de verano, a falta de cosas mejores y antes de que llegue un otoño cargado de grandes nombres. En éste blog esperamos con impaciencia el nuevo álbum de Arcade Fire, anunciado para octubre, aunque no podemos olvidar nombres como Pearl Jam, que vuelven tras cuatro años o Kings of Leon, que pasaron por el BBK en julio. Como el año pasado, éste otoño promete.
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Javier Fernández

Estudio, leo y escribo. No necesariamente en ese orden.

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