Jorge es una de esas personas con las que no tienes que hablar mucho. De hecho es mejor no hacerlo. No conviene. Cuando uno habla durante un rato con Jorge, acaba dándose cuenta de que es mejor no decir nada y dejar que sea él quien lo diga todo. Lo más curioso es que Jorge tampoco habla prácticamente nada, y no lo necesita. Le basta con sonreír. Cuando Jorge sonríe entiendes que no necesitas nada más que eso, la sonrisa, para afrontar cualquier problema. Y, por si fuera poco, Jorge sonríe después de haber ganado la batalla contra el cáncer una vez. 

Le supo a poco. Como a todos los grandes. Y ahora se encuentra inmerso en su segunda batalla. Él dice que no sabe cuál será el final, pero yo creo que no hay que esperar ningún desenlace. Jorge no tiene que vencer en ninguna batalla más, porque ya lo ha ganado todo. Puedes verlo directamente en su cuenta de Twitter, no hace falta que te lo cuente: @SuitedelResort

Jorge Ribera

Este es Jorge, lozano cual croissant recién sacado del horno. Presumiendo, como tanto le gusta.

 

En tu cuenta de Twitter te planteas liderar el movimiento de los smile soldiers, pero aunque para ti parezca evidente, a mí me cuesta entenderlo, ¿por qué sonríes?

Pues la verdad es que hubo un amigo que estuvo una temporada insistiéndome en que sonriera, me lo decía a cada momento, incluso cuando ya lo estaba haciendo. Puede parecer una chorrada, pero me hizo pensar un montón, que la diferencia entre tratar con alguien sonriente y otro con cara de amargado es enorme, aquí en el hospital, por ejemplo, puede cambiar tu estado de ánimo dependiendo de la enfermera que te toque.

Lo de los Smile Soldiers se me ocurrió al empezar con esto, son dos cosas que me gustan (el rollo militar me gusta bastante). Además veo esto como una batalla contra la enfermedad, con lo que tenía su sentido. Sonrío porque lo contrario es peor, vale la pena tomarse las cosas que le pasan a uno de forma positiva, si no sonríes te amargas a ti mismo y a los demás.

Jorge, el soldado de la sonrisa

No solo le gusta lo militar, sino que da fe de ello con reportajes plagados de arte y payasadas, de las que solo él sabe hacer.

 

¿Qué está siendo lo más duro para ti?

Lo peor es ver que afecta a tus familiares y amigos, que les duele un montón, y claro es por eso también por lo que hay que estar lo más animado posible, para facilitar al resto llevar esto bien, sobre todo a mis padres y hermanos, no mola nada verles sufrir.

Por otro lado también cuesta mucho estar aislado, ahora gracias al Whatsapp y resto de R.R.S.S estás un poco más comunicado, pero un mes entero (como mínimo, ya veremos lo que se alarga) sin poder ver a tus amigos y darles un abrazo (o un guantazo), no sé, es bastante difícil. Lógicamente tampoco puedo ver ni a mi padre ni a mis hermanos, y aunque con ellos sí que hago algún Skype, sigue siendo muy chungo.

 

¿Crees que es necesaria la fe para encontrar sentido al dolor?

Pues sinceramente creo que sí, sin la fe puedes verlo como una forma de superación o de mejora personal. Si crees, tienes la certeza de que ese dolor trasciende hacia algo o alguien, así que puedes aprovechar y ofrecerlo por la gente a la que quieres, esto me ayuda a ver que Dios realmente existe, veo cambios alucinantes en amigos y personas conocidas que de otra forma dudo mucho que pudieran ocurrir.

 

Y cuando salgas de aquí, ¿qué quieres hacer?

Disfrutar de la vida como nunca antes lo había hecho, pero para ello no hace falta hacer cosas extraordinarias o alucinantes, simplemente aprovechar lo que se tiene, a los amigos, estar en casa, la familia, el deporte, ir a clase, no sé, digamos que puedes disfrutar hasta de mear en el retrete, aquí tengo que hacerlo en un botellín de plástico para medir lo que orino…

 

Sé que te gusta la escalada, es un deporte en el que hay que forzar el cuerpo hasta su extremo, ¿dónde está el límite de la superación personal?

Uff. Pues la verdad es que justo con la escalada no he llegado a alcanzarlo, me gusta pero la he practicado muy poco, ya volveré a ella a mi salida. Sin embargo con las leucemias me he dado cuenta de que las personas podemos llegar a unos límites alucinantes, por supuesto si antes del ingreso llegan a decirme por lo que iba a pasar, probablemente hubiese muerto en ese mismo instante, pero no, el cuerpo es capaz de amoldarse a lo que sea, y yo creo que también Dios ayuda a  superarlo, claro.

 

Lo primero que me viene a la cabeza al pensar que alguien como tú tiene leucemia es ‘pobre Jorge, qué mierda… Tiene toda la vida por delante’. ¿Una enfermedad es injusta?

No creo que sea justa o injusta, simplemente la tienes, y la gente debería tener claro que le puede pasar a cualquiera, yo no soy un tipo raro que pudiese pensar que tenía más posibilidades que el resto. Sobre lo de “pobre Jorge“, para nada, en realidad si no consiguiera vencer a la enfermedad, me dolería por la gente que está cerca de mí, por su sufrimiento. Yo, aunque prefiero quedarme, lo aceptaría, pues tengo claro que de aquí al cielo.

Pero vamos, que tengo el convencimiento de que me voy a curar, y más con toda la gente que está rezando y apoyando, la enfermedad en ese caso tampoco es una mierda, a la salida te ayuda a apreciar más las cosas y a querer más a la gente, a comprenderla, y eso te da la posibilidad de ser más feliz aquí en la tierra, ¿ves?, no está tan mal.

 

¿Y tu familia? No quiero pensar en qué supone todo esto para tus padres.

Pues sí, la verdad, es algo muy duro, sobre todo esta vez. Al principio fue un poco más costoso, pues tras cuatro años desde el primer tratamiento, no pensábamos de ninguna forma que la enfermedad pudiese volver. Pero así fue, entre todos nos animamos cuando vemos que el otro está de bajón, supongo que ahora mismo el que peor lo pasa es mi padre, porque solo podía haber un acompañante y ha sido mi madre. Él solo puede verme a través de un cristal y durante no mucho tiempo, ya que tiene que trabajar. Mi madre ha podido pedir la baja. Imagina poder ver a tu hijo estando jodido y no poder entrar a abrazarle o darle un beso, así que en cuanto salgamos supongo que me saltarán los ojos del abrazo que vaya a darme. (Se ríe)

 

Hace pocas semanas una chica con cáncer cerebral incurable se suicidó en Oregón porque, textualmente, ‘no quería que el cáncer me venciese’. Me sorprende esa actitud en comparación con la tuya. Cuál es tu opinión acerca de la denominada ‘muerte digna’. ¿Es mejor luchar hasta el final?

Pues la verdad es que me parece incoherente, si no quería que el cáncer la venciese, lo mejor era no rendirse, ¿no? Una vez te rindes ya has perdido la batalla, sin embargo si la pierdes luchando, al menos has tenido la oportunidad, aunque remota, de ganarla. Y si la pierdes, al menos lo haces habiendo luchado, y no precisamente con demasiado sufrimiento. Los cuidados paliativos actualmente son una pasada y no tienes por qué sufrir mucho dolor. Me da pena que haya decidido eso.

 

Jorge Ribera en el hospital

Este es Jorge, es él, sin más, ni menos.

 

¿Has encontrado algo positivo en todo lo que estás viviendo? ¿Cómo te ha cambiado la vida?

Muchas cosas buenas, la verdad. Lo primero es que me di cuenta de la cantidad de gente que me quiere y que haría cualquier cosa por mí. Es súper reconfortante, luego por supuesto está lo que te he dicho antes, que estoy viendo a mucha gente cambiar para bien, y eso me ayuda muchísimo a seguir luchando. Creo que es por lo que hablamos del sentido del dolor y su trascendencia.

Me ha cambiado la vida ahora mismo porque me toca estar aislado y cuando no, de hospitales, pero en cuanto me recupere yo creo que va a seguir igual, disfrutando mucho más de la familia, amigos, etc. Pero igual.

 

¿Qué pensaste, a quién acudiste, cómo reaccionaste cuando te dijeron que tenías leucemia? ¿Ha variado tu forma de ver la enfermedad desde el principio hasta ahora?

Pues me lo dijeron con mis padres, en principio tenía que ingresar en ese mismo momento en el que me lo decían, pero al final me dejaron entrar por la noche, así que me fui con mis padres y hermanos a casa. Hicimos una buena comida y pasamos un rato juntos llorando y desahogándonos. Después me fui a a despedirme de mis amigos. Me despedí del Señor y fui a Misa, me confesé y recibí la Unción de Enfermos. Y listo, para mi nueva casa.

Sobre cómo me tomé la situación, yo creo que lo asimilé bastante bien, tenía la experiencia de la primera vez y sabía que esto se pasa, aunque no puedes evitar tener algo de miedo ante la incertidumbre de qué va a pasar. Al principio de la enfermedad lo ves como diciendo “joder, otra vez“, pero rápidamente -unos días- caes en la cuenta de que hay mogollón de gente rezando y apoyando, así que lo aceptas e incluso das gracias a Dios, aunque diciéndole que con dos ya suficiente ehh. (Se ríe)

 

¿Tortilla con o sin cebolla?

Con cebolla, sin duda.

 

Si te apellidases Obama y pudieses subir a un púlpito desde el que hablar a la humanidad, ¿qué mensaje te gustaría transmitir?

Que los valores cristianos, más allá de las creencias, son la polla, y que a mí me han ayudado mucho.

Que me da pena la sociedad actual, en la que los amigos lo son por conveniencia, el trabajo por necesidad e incluso la familia es un recurso más del que aprovecharse. El respeto a las personas se ha obviado y en general los valores se han echado por la borda. Ni los matrimonios duran, hay centenares de miles de abortos, la corrupción es algo del día a día y las amistades se forjan y se destruyen en cuestión de semanas – eso no es amistad, por supuesto-. Tal vez suene muy deprimente, pero es lo que veo, y me parece una pena, el problema es que la gente tiende a pensar que si el resto lo hace ¿por qué yo no? Pero ese no es el pensamiento correcto. El pensamiento que me gustaría transmitir es mucho más grande: se puede cambiar el mundo.

 

¿No te cansa que se acerquen a ti -quizá como lo estoy haciendo yo ahora- para preguntarte de dónde sacas esta vitalidad en un momento tan jodido? ¿Te sientes como utilizado por una sociedad para la que eres actualmente un punto de referencia?

No me cansa en absoluto, porque demuestra que hay mucha gente que está pendiente, al igual que no me canso de responder que la saco de Dios, no veo otra forma de poder afrontar esto. Tampoco me siento utilizado, aunque mucho menos un punto de referencia para nada ni nadie. (Se ríe) Lo único para lo que me pueden utilizar es para rezar por ellos, o alguien o  algo, así que si es eso lo que me piden, por mí genial, cuántos más mejor, hay que sacar el máximo provecho posible de esto.

 

Sé que muchos amigos se han preocupado especialmente por ti, y también sé que uno de ellos está viviendo tu situación con muchísima cercanía. ¿Qué es para ti la amistad?

La amistad para mí es lo que me enseñó un amigo al que quiero un huevo: dar sin esperar nada a cambio. Porque si esperas algo de vuelta ya no es amistad, tú te das por entero a alguien porque le quieres tal como es, (no a pesar de…) pero eso implica ayudarle a mejorar sus defectos, aunque cueste decirlos, ayudarle en los momentos que lo necesite, etc.

¿Cómo escoger entonces a tus amigos si no puedes hacerlo por lo que te dan? Yo creo que todos los que están alrededor nuestro tienen que ser amigos en ese sentido, en darte a ellos por completo, y luego lógicamente tendrás a aquellos más cercanos -o no- que son a los que quieres especialmente, ya sea por lo que habéis vivido juntos o porque es un referente para ti y estando cerca de él te conviertes en alguien mejor. Pero lo fundamental es darse al otro sin esperar nada a cambio, eso en el fondo es amor, y la gente cuando se siente querida de verdad, tiende a querer, con lo que al final siempre recibes, pero no es por eso por lo que lo haces.

 

Hay una niña, Lucía, que está sufriendo igual que tú. En Twitter hablas mucho de ella y con su padre. Entiendo que haya una empatía especial entre dos personas que sienten lo mismo, pero, ¿cómo te queda tiempo para acordarte de alguien más que de ti? (La cuenta de Twitter del padre de Lucía es @javierurdiales)

¿Ves? Antes te decía que yo no me sentía referente de nada, sin embargo esta niña sí que lo es. A sus 8 años sabe más de la vida que la mayoría de personas jóvenes de este país, y disfruta de ella como nadie. Ella siempre sonríe y es un ejemplo de fortaleza acojonante, no la conozco personalmente, pero la quiero un montón.

Respecto a lo de acordarme de otros, creo que lo que intento es olvidarme completamente de mí mismo, ya que si estás pensando en el resto no te fijas en lo que estás pasando y consigues dos cosas: tener a los demás en un estado agradable y estar fisicamente mucho mejor. No somos conscientes de lo que el estado de ánimo puede hacer en una enfermedad. #yorezoporLucía

 

Los jóvenes de nuestra generación tenemos un estigma que habrá que quitarse de encima en algún momento: la falta de aspiraciones. ¿Por qué merece la pena vivir y por qué merece la pena no conformarse con lo que uno tiene?

No sabría decirte por qué vale la pena vivir, probablemente por el mismo hecho de vivir, que ya es cojonudo.

Sobre las aspiraciones sí que es una pena, y los que las tienen, generalmente, las enfocan al dinero, fama y poder. Yo creo que uno tiene que poder ser feliz con lo que tiene, pero eso no implica no tener aspiraciones a más, aunque creo que las que de verdad importan son otras, ser mejor lo que seas: padre, hermano, amigo…

Estas son las cosas que realmente te hacen feliz, y seguramente con ellas, y si curras a saco, el dinero, la fama y el poder vengan más o menos por sí solas. La verdad es que yo no querría tener demasiado. Y vale la pena porque cuando uno es feliz -aunque siempre luchamos por serlo más- lo ve todo como una pasada, no sabría cómo explicarlo. Aquí, cuando estás encerrado en el hospital, te das cuenta de que absolutamente todo lo que tenía era la leche, no sé, poder dar un paseo, hacer fotos (me encanta la fotografía), quedar con los amigos. Y no hace falta irse a una súper fiesta para poder disfrutar de un buen momento con los amigos, a mí realmente me gusta más un plan que otros llamarían ‘cuelgue’, como irme con los amigos a un sitio con buenas vistas y pasar la tarde comiendo pipas, es más personal y hablas con la gente de cosas importantes. Les tomas en serio, sin necesidad de beber, aunque por supuesto también lo hago de vez en cuando.

Paisaje con avioneta

Le gusta la fotografía, y no se le da nada mal.

 

¿Qué le dices a Dios con más frecuencia?

Que le quiero con locura, le doy gracias de todo lo que me ha dado y le pido que me ayude a ser mejor. También le suelo decir que ya con dos, tengo suficientes leucemias, que no me hacen falta más (Se ríe)

 

Aquí, entre tú y yo, reconóceme que te ha molado raparte la cabeza. 

¡Por supuesto! (Se ríe) Me ha encantado, de hecho tengo fotos del proceso haciendo cosas extrañas, seguramente las comparta en Twitter algún día, no sé. Lo que no mola tanto es cuando empieza a caerse y tú no le has dado permiso, aunque bueno, así ya tengo la excusa para ponerme sombreros, que sabes que me encantan.

Jorge (2)

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Luisfer Martínez

Me gusta pensar. A veces lo hago bien y otras no tanto, pero me gusta pensar. En "pensar" incluyo especialmente pensar con gente, no solo, porque cuando uno piensa solo piensa mal.
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