Hay SPOILERS

Que la llegada del invierno era algo más que una predicción meteorológica ya lo sabíamos desde el primer capítulo. Lo que no se nos ocurrió calcular fue las sesenta horas, o seis años mejor dicho, de canción de hielo y agüita que HBO nos iba a poner de fondo, como politono de espera, hasta ver las primeras nieves.

Quizás para muchos no-lectores que permanecemos sólo en la superficie de ese “universo inmersivo” que es el fenómeno de Canción de hielo y fuego donde un lector sí está sumergido, bien por la cantidad de información que había que refrescar al principio de cada temporada bien por el número de tramas durante ellas, la serie no ha tenido el ritmo para mantener el interés de una audiencia ajena a los libros. Y sin embargo, hace tiempo que Juego de Tronos pasó una frontera de no retorno, en la que alguno seguimos mirando porque, a estas alturas, no estamos para que nos digan quién ocupa el Trono de Hierro así sin más. Necesitamos la justificación pausada del capítulo a capítulo y no el grito a bocajarro de quién ganó.

Tras someterse a los primeros capítulos de reubicación y muerte de personajes de relleno, que servían sobre todo para mantener ocupada a la tropa, la sexta temporada va tocando y avanzando (¡Juego de Tronos como el tiquitaca de las series!) hasta que al final, claro, caen los goles, y todos celebramos puestos de pie en el sofá esa segunda mitad de temporada con tres capítulos (6.5, 6.9 y 6.10) que justifican por sí solos el “vuelva usted la semana que viene” de los otros siete.

Al grano: aquí van las tres cosas más destacables de la temporada.

1- Pico estrogénico en Poniente

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HBO / Movistar +

Atención porque Juego de Tronos se ha tomado muy en serio el cambio de paradigma de héroe a heroína. Echemos un vistazo al terreno de juego: Daenerys, Cersei, Olenna, La Martell, Sansa, Brienne, Arya y Yara. Es decir, quitando a Jon, King in the North, mujeronas de hecho y de derecho tienen el poder absoluto de Poniente.

Desde que la cabeza de Ned echara a rodar como una pelota en una Eurocopa perdida, y Daenerys resurgiera como ‘Mother of Dragons’, bautizada sobre las cenizas del heteropatriarcado Dothraki, la serie ha apostado por sustituir a los Tywin por las Khaleesi. Una estrategia por la que también Star Wars ha optado en su Episodio VII, aunque con otro equilibrio de fuerzas. Porque, ¿quién tenemos en el lado masculino? Por un lado tres rasurados eunucos: Araña, Theon y Grey Worm. Por otro, tenemos a Sam (¡ejem!). Es decir, que toda la testosterona de Poniente ahora mismo está concentrada en Jaime (un manco), Daario Armario Empotrador (al que Dany agradece los servicios prestados con un par de vinos, ni lágrimas ni beso de despedida, ¡toma ya!) y Jon (que no está criando malvas por un milagro, literalmente). Lo mismo tenemos que ir resucitando a Khal Drogo, ¿o qué guionistas?

En cualquier caso, y en un contexto en el que las figuras masculinas venían a ser borrachos, ególatras, maníacos degenerados o simplemente hombres que obedecían a lo que se movía en la zona media de sus pantalones, celebramos el sorpasso femenino que, en su mayoría, resultan ser personajes más fascinantes y admirables. (¡Ay, si Pablo Iglesias fuera mujer!) Pero, ¡si hasta la jovencísima Lady Mormont se mearía a Albert Rivera en un debate! En fin, larga vida a los papeles femeninos en JdT. Pero resucitad a Khal, no me jodáis.

2- A la novena va la sinfonía

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HBO / Movistar +

Esto es marca de fábrica, como el inequívoco óleo santo que recubre un buen jamón ibérico: la serie puede decaer cada principio de temporada pero el in crescendo a medida que pasan los capítulos siempre desemboca en ese clímax del noveno: la gran sinfonía. También otros capítulos habían dedicado su hora entera a batallas como ‘Blackwater’ (2.9) o ese otro ‘Watchers on the Wall’ (4.9). Pero de todos ellos, (aquí viene el órdago) ninguno había resultado tan satisfactorio como este 6.9 ‘La Batalla de los Bastardos’, un capítulo que bien vale una temporada y, probablemente, mucha espera no recompensada. ¡Por fin acción! ¡Por fin dragones poniéndolo todo por llano! ¡Por fin Napalm y nada de eructitos de fuego de circo! ¡Por fin una larga batalla a campo abierto sin intermedios! Fuego y sangre. Nada más. Eso era todo lo que le pedíamos a Juego de Tronos. No aspirábamos a más.

Incluso la serie se ha permitido nuevas cosas que la han favorecido. El inolvidable plano secuencia (muy recordado ese otro de Salvar al soldado Ryan) con la cámara a espaldas de Jon Snow, toque hiperrealista de lo que tenía que ser estar ahí, como pocas veces ha logrado una producción audiovisual y algo inaudito para una serie de televisión (10 millones por capítulo); o el refrescante personaje de Ian McShane como Ray al inicio del 6.7 en la construcción del Septo; sin olvidarse tampoco del inicio del 6.10 ‘Vientos de Invierno’ con un montaje diferente del habitual: más rápido, sin diálogos, amenazante y premonitorio de algo importante. Diferente ha sido también la música, por momentos muy del estilo de The Leftovers con esos chelos y pianos.

Y sobre todo, esa cohesión interna que han tenido los mejores capítulos de la temporada. Esa unión de las tramas, dándose pie unas a otras, han traído savia nueva a una serie muy acostumbrada al golpe de efecto de último minuto. Escenas machihembradas como la season finale, ‘Vientos de Invierno’, en donde lo que hacía un personaje introducía la siguiente trama o el sorprendente hallazgo del nombre de Hodor en el 6.5 ‘The Door’ que ha movido al espectador de las emociones habituales de sorpresa o descarga adrenalínica, a una nueva sensación al final de un capítulo, con esa mezcla entrañable y épica, de casi querer abrazar al personaje. Fantástica. Aplausos aquí para Miguel Sapochnick (director) y Ramin Djawadi (compositor). De artesanía a Arte

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HBO / Movistar +

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3- ‘R+L=J’

Si nos podemos fiar de la visión de Bran, se confirma la teoría que algunos lectores tenían hace tiempo: Jon Snow no es el bastardo de Ned Stark, comocreíamos, sino el de Rhaegar Targaryen y Lyanna Stark (hermana de Ned), la teoría conocida como ‘R+L=J’. Ahí es nada.

¿Qué consecuencias tiene eso? Pues, primero, que por Jon corre sangre Targaryen y Stark, y que en la línea de sucesión por parte de padre va antes que su tía: Daenerys de la Tormenta, La que no Arde. ¡YEYA! Y segundo: que los libros se llaman Canción de hielo y fuego. Fuego y hielo, las dos cosas que es Jon. Eso, unido a la visión de Daenerys en el 2.10 del trono nevado, amén de que nadie resucita del otro mundo para nada, nos hace valorar las opciones al trono de un personaje interesado únicamente en la batalla inminente contra los Caminantes Blancos. Algo honorable, desde luego. Pero todos esperamos que se resuelva finalmente la pregunta de quién va a ocupar la poltrona, que es de lo que va la serie, por muy nobles que se pongan algunos de que el peligro es otro y de que hay otras preocupaciones.

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HBO / Movistar +

En cuanto a lo peor de la temporada, quizá lo menos convincente sean ese par de Deus Ex Machina que son, por orden: uno, la llegada in extremis del ejército de Meñique en la ‘Batalla de los Bastardos’, y dos, el fuego valyrio a modo de arma de destrucción masiva con el que Cersei hace estallar el Septo de Baelor con todos sus dolores de cabeza dentro. En el caso del primero, aunque se entienda como una licencia lógica de los guionistas, tiene demasiadas reminiscencias con otros momentos anteriores idénticos: esa llegada de los Dothraki a Meereen, ¡en el mismo capítulo! o ese otro de Stannis llegando a cortar las hordas de Mance Ryder en el 2.9.

En el caso del segundo,… Bueno en el caso del segundo pasamos por alto lo de no recordar que Desembarco del Rey estuviera hasta las trancas de fuego valyrio, sólo por la satisfacción morbosa que da ver la cara de Lancel blanca como nalga de monja un segundo antes de convertirse en flaver. Tampoco nos podemos olvidar de esas escenas en la Torre de la Alegría, hechas con las migas del presupuesto restante, que no están a la altura del nivel de producción del resto de la serie y que, por tanto, cantan la parrala, sin mencionar el preocupante parecido a DiCaprio del joven Ned. Y, si nos ponemos exquisitos, tampoco es muy convincente el intento de Waif por matar a Arya. ¡Qué son esos meteysacas magreros a la altura del vientre! Alguien como Waif, consagrada a la lucha más avanzada, ¿haría eso? (Larga vida a Arya todo sea dicho de paso).

De todas formas son peros hechos dede la tranquilidad que da ver los capítulos en un sofá, a una serie que, a pesar de las dudas, a uno le tiene ganado para su causa. En general, la sexta temporada ha tenido un nivel muy alto, quizá más del que nos tenía acostumbrados, y eso, para una serie que nos permite, además, hablar a todos en el mismo idioma, es mucho decir. A partir de ahora la historia tiene por delante la gozosa tarea de quemar sus petardos más caros.

Aparentemente Daenerys tiene los aliados, el ejército y tres botones nucleares para pintarle la cara a cualquiera. Si además añadimos –Bran mediante– que Jon es su sobrino, entonces, la pinza a Cersei es terrible. Ya estamos preparados, después de seis Masters 1000, para el Grand Slam en el que, pase lo que pase, la previsibilidad seguro que no está invitada. Al fin y al cabo, no lo olvidemos, en Juego de Tronos nunca sabes donde te puede saltar la liebre.

¡Qué largo se va a hacer este invierno!

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Alfredo Andreu

Generación mejunje Art Attack. Disperso entre farmacia, diseño gráfico y cine. Soy muy de merendar.
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