a pastar

Después de las elecciones es curioso subirse de nuevo en el cercanías. Al mirar al resto de viajeros sus caras parecen teñirse de cuatro colores. Los mismos de las frutas que reflejaban las encuestas desde Andorra.

La democracia tiene, en principio, un cariz de unión, de igualdad y de respeto que han desaparecido. Como el bipartidismo. Tener claro quién es tu rival te lleva a acostarte por la noche sabiendo a quién odiar. Pero de repente el enemigo se ha cambiado el color del uniforme. Y de hecho se ha cambiado de nacionalidad y todo.

¿Alguien se ha parado a pensar en los niños? Hay que inventar insultos ideológicos nuevos, ya no vale con el ‘facha’ y el ‘rojo’. Ahora hay fachas más moderadillos y rojos de los de misa los domingos. En un escenario tan complejo quizá solo nos quede resignarnos a la realidad.

A lo mejor a España no le queda otra que hacer cosas. Siempre se nos ha dado mal empezar, pero cuando nos ponemos hacemos cosas. Ya lo dijo Rajoy en una de sus intervenciones más brillantes.

En cambio, la primera reacción es la del prejuicio. La de buscar la marca ‘Quechua’ para detectar a los votantes de Podemos. Los mocasines para los del PP. Bueno, y los hipsters. Y el tono informal pero formal de los de Ciudadanos. El PSOE no sé muy bien cómo se localiza, si os soy sincero.

Y en el preciso momento en el que surge la llamada de lo salvaje es cuando hay que repetirse internamente la palabra democracia. Por sílabas. De. Mo. Cra. Cia. Nuestro sistema no es el mejor, pero es de los pocos que permite la convivencia entre catedráticos y gilipollas. De hecho también es de los pocos que permite la existencia de catedráticos gilipollas. Incluso yendo un poco más allá, es el único que permite que el catedrático, el gilipollas y el barrendero tengan la misma capacidad de decisión sobre quién decide cuál es el sueldo del catedrático, y eso no está nada mal.

Lo único que puede salir mal de este experimento es volver a pensar en el resto de ciudadanos como si fuesen clases. Quizá el rico que te contrata fue pobre como tú. Quizá el pobre que te pide en la calle fue rico como tú. Quizá el único sistema en el que si hay más pobres que ricos éstos últimos acaban en el gobierno sea el nuestro.

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Luisfer Martínez

Me gusta pensar. A veces lo hago bien y otras no tanto, pero me gusta pensar. En "pensar" incluyo especialmente pensar con gente, no solo, porque cuando uno piensa solo piensa mal.
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