Fotografía de Bulent Kilic para AFP

Turquía y el Líbano son las puertas de Occidente. Turquía por ser la puerta de Europa por tierra. El Líbano por ser el país, junto con Israel, con  una mentalidad más occidental. Son la esperanza de Occidente para frenar al EI. Si no lo consiguen, habría que comenzar una guerra por tierra. No valdrían los bombardeos. Pero hasta que eso ocurra, aún queda, o eso nos quieren hacer pensar.

En marzo Turquía anunció su intención de cerrar sus fronteras con Siria. ¿Por qué iba a hacerlo si el EI está tan lejos de nosotros, si sólo tiene controladas algunas zonas en Siria e Irak? Algunos piensan, y esa es la versión oficial, que ya no dan abasto para soportar los dos millones de refugiados sirios, y que, para ser tratados igual o peor, mejor que se queden fuera. Lo que no sabíamos hasta hace unos días es que había una bandera del Califato a menos de 500 metros de la frontera turca. Ondeaba en uno de los edificios de Tel Abyad, el pueblo desde el que sale el camino hacia las puertas de Occidente. Y lleva allí desde agosto de 2014.

La zona, aunque con presencia del EI, era tranquila y muchos refugiados sirios la usaban para huir de la persecución, de la muerte, del calvario. En este mes de junio, ya han pasado por ahí 14.000 sirios. Según la versión oficial, entraban demasiados, así que el sábado se cerraron las puertas. Cientos de sirios (hombres, mujeres, ancianos, ancianas, niños, niñas, recién nacidos…) se quedaban a las puertas de Occidente sin comida, sin agua, con unos terroristas a pocos metros. Se acercaban a las puertas a preguntar. Qué está pasando. Incertidumbre. Miedo. Sólo queremos un poco de agua, llevamos días sin nada. En unos minutos llegó el agua, un agua que salía de mangueras a presión y les hacía separarse de la valla.

El colofón vino después. Unos hombres armados se acercan a los refugiados sirios. Los soldados turcos, desde su lado de la valla, observan. Los hombres de los rifles hablan con los refugiados. Les dicen que carguen con sus cosas y les obligan a andar en dirección a Tel Abyad. Los guardias turcos no hacen nada, sólo miran, miran cómo una decena de soldados del EI, que están a un tiro de piedra, se llevan a las familias a las que hace unos minutos ellos mismos negaban la salvación.

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Fotografía de Bulent Kilic para AFP

Unas horas después volvieron a aparecer familias sirias en la frontera. A media tarde el gobierno turco volvió a abrir la puerta. Soltaron un hilo de esperanza a los sirios, que cortaron unos minutos después. La frontera había vuelto a cerrarse. Había comenzado el asedio a Tel Abyad por parte de las milicias kurdas de la zona.

Los sirios se veían encerrados una vez más entre la indiferencia de Occidente y la guerra del EI. No iban a quedarse parados una vez más. No, eso no. Comenzaron a abrir huecos entre la alambrada, a derribar los montículos de arena, a golpearse para pasar en primer lugar, a lanzar a sus hijos recién nacidos por encima de la alambrada, a agarrar a sus dos hijos para no perderlos, a sujetar a su abuela para que no se desplomara después de varios días sin comer y con la agitación del momento. Al otro lado de la valla les esperaba Occidente, un Occidente que no hacía nada para colaborar. En las 24 horas que duró esta escena, Turquía no abrió sus puertas. Sólo observaba.

El lunes por la tarde, al caer Tel Abyad en manos de los kurdos, varios soldados del EI huyeron hacia la frontera turca para entregarse. A ellos sí que se les prestó la atención requerida, y se les esposó. Los soldados del califato, que sabían lo que hacían, sonreían. Se les iba a atender. No iban a sufrir. No tenían que preocuparse por nada. No les iban a matar.

Es el momento de pararse a pensar. ¿Por qué se hizo tan poco eco Occidente de todo esto? ¿Por qué nadie nos dijo que el EI estaba tan cerca? ¿Por qué Occidente cerró sus puertas a unos indefensos y dejó que el EI se los llevara? ¿Por qué abrimos nuestras puertas a los terroristas y no a los que huyen?

Les tenemos miedo. Sabemos que si alguien les declara la guerra abiertamente  y transporta sus fuerzas militares a Siria o Irak, no tendrá que esperar mucho para que ocurra algún atentado en su propia casa.  Preferimos callarnos, que nadie nos moleste, silenciar a los cientos y miles de sirios que lo están sufriendo, y rezar para que los kurdos consigan frenar esto. Puede que lo consigan un tiempo, pero ellos mismos están pidiendo ayuda para lograrlo y nadie les hace caso.

Hace unos años, EEUU era  capaz de movilizar parte de su ejército a Irak y bombardear 24 horas al día. Hoy no. La ONU presume de defender los derechos humanos, cuando no había nadie presente ayudando a los sirios que cruzaban como podían la frontera. Pocos periódicos se han hecho eco de esta atrocidad, porque está demasiado lejos. Después de todo esto, no lo parece.

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Fotografía de Bulent Kilic para AFP

 

Escrito por Manuel de La-Chica: Estudio Filosofía y Periodismo. Todavía no he perdido la ilusión por cambiar el mundo, y creo que ese cambio es posible con la comunicación. Por eso, he comenzado a escribir en Oblitans.
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