As neves procesión

Foto de El Mundo

“Lo único que nos separa de la muerte es el tiempo”. Esa barrera se destruye cada año en Santa Marta de Ribarteme

Hemingway sostenía que nuestra relación con el más allá, con el fin, no depende de nosotros mismos: “Lo único que nos separa de la muerte es el tiempo”. Hablaba de ese instante final del que no logramos despejar la incógnita, pues se trata de algo indescifrable. En principio se nos escapa qué nos depara el más allá. Si nos transformaremos en un caracol, si nos reencarnaremos en un tertuliano de Sálvame o que si el eterno retorno. Nadie lo sabe. Sin embargo, hoy en As Neves (Pontevedra) volverán a desafiar a la muerte. Rodeados de la muchedumbre, multitud de cámaras en un pueblo de no más de 5.000 habitantes, discurrirá la procesión de los muertos en vida de Santa Marta de Ribarteme. Vivos rodeados de vivos, alzados en los féretros de los muertos.

El año pasado fueron transportadas 4 personas, introducidas en los féretros. Tumbados boca arriba, bajo el sol, con los ojos cerrados y las manos cruzadas sobre el pecho, desfilan transportado por otros conciudadanos. Lo hacen vivos, en los ataúdes de los muertos, como gratitud u ofrenda por los obsequios divinos.

De esta curiosa romería se han hecho eco en los últimos años medios internacionales como The Guardian o National Geographic. Existen escritos procedentes de antes del siglo XVII, en los que se tiene constancia de la procesión de los ataúdes de los vivos. Es, por tanto, una tradición de aroma ancestral, hondo calado y gran arraigo en la zona. La devoción flota en el ambiente, en un acontecimiento inexplicable e insólito. El contraste resulta brutal. La fama que ha adquirido provoca que se aúnen en la procesión un curioso binomio: por un lado, la fauna más actual,con el selfie al punto y el gesto sorprendido; por el otro lado, los devotos,ya bien los que se introducen en los féretros o los que discurren en la procesión junto a ellos. En los “cadaleitos” ocupados por los vivos.

De la muerte se ha dicho tanto que no se ha dicho nada. Han sido muchos los escritores, pensadores, e individuos que han versado sobre ella. A nosotros mismos nos acucia de cuando en vez una misteriosa duda, un interrogante. Cuanto más se ha reflexionado menos se ha sabido sobre ello. Consiste en uno de esos misterios insondables, la muerte.

Como en muchos otros lugares, en Galicia la muerte y la vida van de a mano: son uno. Son dos hechos ligados de manera absoluta y constante. Se ve en los dichos populares, en las frases hechas, en el “A San Andrés de Teixido vai de morto quen non vai de vivo”, y otro tipo de leyendas que construyen una suerte de territorio mágico y etéreo.

Además de resultar incierta, se convierte en un hecho imprevisible. Se trata de uno de esos instantes en los que el tiempo se te escapa de las manos como si fuera agua. Todo se rompe en mil trocitos antes de que te percates. Ya no eres. Todo terminó. Al menos, que se sepa, aunque mucho no sabemos, pues no hemos superado el trance de la muerte y hemos vuelto para contarlo. De pronto, se advierte la nada. En lo real, no se maneja el concepto prórroga: la vida dura lo que dura, y dura noventa minutos. En As Neves anticipan acontecimientos, protegen a los vivos paseándolos como a los muertos: cada 29 de julio los ataúdes de As Neves permanecen abiertos un año más, de manera cíclica. Discurren arropados una muchedumbre silenciosa que sabe estar presenciando uno de esos momentos únicos. Inciertos. Y al final, la vida venció a la muerte. Al menos por el momento.

Por Brais Cedeira: Nacido unas décadas más tarde de lo que me hubiera gustado. Prefiero no hablar mucho, mejor pensar y escribir. Suelo decir locuras… para los locos.
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