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Era el verano del 67, mediados de junio, y hacia el mediodía las temperaturas más altas ya se alcanzaban sin dificultad. Eso no parecía importar demasiado ya que el calor no era sofocante, teniendo en cuenta, además, que oficialmente el verano no había comenzado y muchos estudiantes estarían finalizando el curso y desearían ya el merecido descanso estival. Se podía ver a la gente entrar y salir del recinto sacro. Hacía ya más de un mes que se había estado anunciando el acontecimiento con gran expectación. La gente joven era mayoría: parejas de enamorados, grupos de amigos, gente aparentemente solitaria, individuos pasados de sustancias, mujeres guapas con los típicos vestidos estampados de los 60, un tipo con un minúsculo mono al hombro al que iba dando de comer y demás fauna. Principalmente, se podía sentir mucha emoción que casaba perfectamente con la paz interior y el buen rollo de los que ya habían comprado entrada para el festival. Había puestos de comida para aguantar el ritmo, destinados más a los que se iban a quedar allí las noches y amaneciesenen el obligado saco de dormir. Alguna pareja aprovecharía un solo saco para descansar y, de esta misma manera, sin levantarse del saco, pedirían lumbre para un cigarrillo a alguien que pasara por allí. Luego, más despejados, quizá irían a desayunar y probarían los cacahuetes tostados del puesto de enfrente.

Iban a ser tres días de intensa emoción en California, con paz interior y buen rollo. Pocos se imaginarían que se iban a sentar las bases de lo que hoy se conoce como festival de música, pese al hecho de que éste no iba a ser el primer festival de la historia que se celebraría al aire libre. Algunos tenían claro a qué iban, otros quizá pasaban por allí y se acercaron a mirar, los más entregados y soñadores tenían claro que en esos preciosos días se iba a dar forma un poco más física y tangible al espíritu que en un futuro se conocería como la época del flowerpower. El escenario, que albergaría las actuaciones de las diferentes bandas,se encontraba desde hacíatan solo unos días en construcción. Un escenario hecho a base de madera, que recordaba a un altar, donde cada uno llevaría su propia ofrenda interior, con flores en la cabeza o sin ellas, sin importar si iban ya a San Francisco o a cualquier otra parte. Eran los tiempos del verano del amor, de la paz y la felicidad, tan estrechamente relacionados.

Los testimonios de la gente que conforma el metraje que realizóPennebacker no abundan(en adelante se mantendrá el orden de actuaciones que figura en el reportaje editado por D.A Pennebecker que no coincidirá con el orden real de actuaciones, muchas más de las que aquí figuran) pero sí se capta perfectamente el estilo de vida de una generación emborrachada de ese gusto por todo lo nuevo que estaba por surgir. Uno de los pilares fundamentales era la música y el festival era una oportunidad para disfrutar. Fue organizado, entre otros, por el líder de The Mamas and the Papas, John Phillips, quien por entonces mantenía una relación con la cara guapa de la banda, Michelle Phillips. Se reunieron en casa de CassElliot, otra integrante de la banda, y parieron la idea de llevar a cabo un festival en el que se destinarían los ingresos a un fin caritativo.Ataviados con ropajes un tanto extravagantes y como era de esperar, ellos también participaron. Eligieron dos temas, el primero fueCalifornia Dreamin’, que ejecutaron impecablemente y con John vistiendo un gorro de invierno que parecía traído de la mismaMadre Rusia. Gracias a ellos se pudo registrar todo un acontecimiento para la posteridad y pese a parecer los niños buenos del festival, Michelle y DennyDohertytuvieron un lío entre sábanas, lo que provocó la ruptura con John y Cass respectivamente. El cabeza, John Phillips,tuvo acontecimientos turbios con su propia hija y la muerte temprana de la oronda CassElliot no fue un asunto menor, sobre el cual se extendió la leyenda urbana contando cómo la muerte de la chica no fue por enfermedad cardíaca, sino porque simple y llanamente se atragantó con un bocata de jamón.¡Zas! La falta de consideración campó a sus anchas.

 

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Dejando de lado los líos dignos de prensa rosa de los Mamas, se pudo disfrutar también en Monterey de nada menos que Jimi Hendrix, para muchos el mejor guitarrista de todos los tiempos. Al menos para los amantes de las absurdas listas. Aunque técnicamente actuaba TheJimi Hendrix Experience, Jim Interpretó un Wild Thing con sus dos títeres de apoyo, que fueron eclipsados totalmente por el coloso musical que parecía haber nacido con una guitarra bajo el brazo. Como poco antes había actuado TheWho, destrozando su equipo, Jimi quiso dar un paso más allá y, aunque su atrocidad con la guitarra no fue tan violenta como la que desató el bigardoPete Townshend, que parecía poseído, dejó claro a toda la audiencia que él sí podía hacer lo que le diese la real gana con sus cosas. Antes de llegar al clímax y tras cantar con su voz rugiente y algo aterciopelada de jamaicano las últimas líneas del tema, se acercó a los amplificadores de atrás y empezó a hacer movimientos propios del fornicio contra ellos y su guitarra. Tras esto, se situó de rodillas frente al escenario por encima de su guitarra que descansabaimperturbable en el suelo. En postura sugerente, aferró un pequeño envase de líquido inflamable y lo fue regando por el cuerpo de aquella inocente guitarra rosácea, testigo en primera persona del sacrificio que el maestro iba a procurar. Como si de un ritual abyecto se tratase, agarró el chamán una cerilla y dejó que lo demás ocurriera para acabar destruyendo su guitarra contra el suelo y dedicar una mirada socarrona al público, medio jadeante y con su eterno chicle remasticado en la boca.

Comportamientos que recuerdan a otras anécdotas de Jim Morrison sobre el que se cuenta que en una de ellas, en uno de sus arrebatos de expresión dudosamente artística, mostró sus partes pudendas agitándose el miembro con fruición. Fueron comportamientos que, aunque provoquen cierta hilaridad vistos ahora, no fueron sino propios de lo animalesco y profundamente primitivo que hay en el ser humano, todo ello muy apartado del espíritu con el que se quería identificar medio mundo por aquella época.

 

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Los Jefferson Airplane no podían faltar, siendo ellos una muestra destacable de las andanzas psicodélicas de una buena parte de la población de finales de los 60. No huboWhite Rabbit, que se publicaría oficialmente días después, ni Somebody to Love. La banda liderada vocalmente por la bella dama Grace Slick, se limitó a mostrar los temas High Flyin’ Bird y Today ante una audiencia consciente de encontrarse frente a una de las figuras claves del summerlove. Jefferson Airplane y Grace Slick habían tenido por entonces ya bastantes encuentros con el producto accidentalmente descubierto por Hoffmann. El ácido lisérgico jugó un papel importante en los ratos de evasión y fervorosa inspiración musical de numerosas bandas de la época. Un papel malo y absolutamente lleno de peligros, a través del cual Grace Slick llegó a ser apodada la acidqueen.  Grace fue alumno del FinchCollege junto a Tricia Nixon, la hija del que fuera a la sazón presidente de los Estados Unidos. Fue por error invitada a untea party en la que Grace pretendía aderezar el té del presidente con una dosis de 600mcg de LSD. Sin embargo, fue detenida antes de entrar en la fiesta. La cantante fue todo una antisistema y llegó a estar en la lista negra del FBI. Su futuro durante y después de su última formación con Jefferson Starship, estuvo relacionado con el alcoholismo, incidentes menores de conducción bajo sustancias y riñas con la policía.Los Jefferson realizaron muchos “viajes” que plasmaron en letras como la del conejo blanco, como si Grace fuese una particular Alicia en el País de las Maravillas: “onepillmakesyoularger and onepillmakesyousmall and theonesthatmothergivesyoudon’t do anything at all”.

Una de las actuaciones más brutales y bellamente crudas la protagonizó la que para muchos llegó a ser la reina del rock. Ball and Chainfue el tema elegido por JanisJoplin, para cantarlo a voz partida junto a su banda de apoyo, ya que por entonces no actuaba sola sino bajo el nombre de Big Brother&the Holding Company. La audiencia quedó extasiada con la niña de enorme talento y de voz desgarradora. Janis prometía y muchos sabían entonces que llegaría lejos. La ovación, de las más sonoras del festival. Su fama llego más pronto que tarde, aunque el alcohol acabo por deteriorarla poco a poco yse marchó a Sudamérica, en la época de carnaval, a desintoxicarse de la heroína que también consumía frecuentemente. Janis era conocida por su desenfreno y sus inclinaciones y prácticas sexuales abiertas. Llegó a tener un lío con Leonard Cohen en el famoso Chelsea Hotel de Nueva York, sobre el que el artista escribió una de sus canciones, Chelsea Hotel #2. En cualquier caso, Janis estuvo prometida con el que parecía ser su amor definitivo, Seth Morgan, un estudiante que llegó a ser novelista.

Un aciago día de octubre de 1970, perfectamente desintoxicada de su adicción, Janissalió a tomar unas copas junto a sus compañeros de estudio como celebración a un día satisfactorio de grabación del que sería su último álbum como solista. Salieron al Barney’sBeanery y a la vuelta JanisJoplin aparcó su Porsche descapotable junto al Landmark Motor Hotel, donde se hospedaba. Al día siguiente, domingo, no apareció por el estudio y se la pudo encontrarsin vida posteriormente a los pies de su cama. Janis había mezclado el alcohol con heroína. Es muy probable que se le facilitara una sobredosis por error. Un error que se llevó su vida muy pronto, como la cerilla que ilumina pero a la vez se va consumiendo por dentro. Jimi Hendrix tuvo el mismo trágico destino, ahogado en su propio vómito, menos de un mes antes. Janis fue la primera mujer en pasar a formar parte del club maldito de los 27.

 

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Otro artistas como CannedHeat, HughMasekela, Country Joe and theFish fueron quizá algo eclipsados por los más grandes y conocidos. Hubo actuaciones estelares como la de Otis Redding, que podría haber llegado a dar palmas y bailar sevillanas si alguien se lo hubiese pedido. Los demás no tenían nada que hacer contra esa energía por la que se caracterizó su actuación. El dúo estrella y más enternecedor lo marcó Simon and Garfunkel con un breve y armónico Feelin´ Groovy.

La carrera de Paul Simon estuvo marcada por el éxito. En cuanto el dúo se disolvió, disfrutó de una de las mejores carreras en solitario que se hayan visto en la música. Quizá supo mantener la cabeza en su sitio en medio de tanto caldo psicodélico en ebullición. Algo que, junto a su talento innato, hizo que su trayectoria fuese impecable y ejemplar.

 

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El reportaje fue finalizado conRaviShankar, quien para alguno no sería tan desconocido,teniendo en cuenta que había influido a The Beatles, muy en especial a George Harrison, tras su paso por la India. Revolver se había publicado con éxito un ano antes y estuvo marcado por su influencia hindú y sonido de sitar que RaviShankarmostró a Harrison. El maestro y líder espiritual, poniendo a prueba todas las articulaciones de su mano para lo que iba a ser algo todavía desconocido para muchos, arrancó con un ritmo sosegado de sitar. Un Raga Bhimpalasi con acompañamiento de fondo en tabla india, que poco a poco iría sumiendo a los que allí se encontraban en el más profundo de los estados de trance. Una actuación de unos 15 o 20 minutos que culminó en tremenda ovación, la más larga y eufórica de todo el festival. Un hecho insólito, tratándose además de música venida del este y plenamente instrumental. El virtuosismo de RaviShankar, padre de la futura Norah Jones, y el percusionista, inundaron Monterey para dar fin al penúltimo día del espectáculo que marcaría una época.

Tres días de auténtica felicidad, si se puede catalogar de esa manera, venida muy en gran parte por esa desconexión, aunque no total y permanente, de todo los aspectos exteriores y problemas personales de todos los que allí se encontraban. Días de introspección, casi hasta de meditación personal para algunos, que sirvieron para reencontrarse primero consigo mismos y luego con sus semejantes. Momentos de paz en el que sólo el presente importaba, porque era realmente lo único que tenían. Lo único que era real y en donde no podían sino estar.

 

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Imágenes tomadas del documental Monterey Pop Festival realizado por D.A Pennebaker.

Cartel Monterey Pop www.pinstopin.com 


Por Nacho Rasines

Adicto al sonido: didgeridoo, hammered dulcimer... y escribo cosas de vez en cuando.

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