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HBO España

No eran pocos los retos a los que se enfrentaba la nueva serie del italiano Paolo Sorrentino, The Young Pope (2016), ya disponible en HBO España. Un director poco preocupado por las grandes audiencias anunciaba que iba a rodar diez episodios con un Papa como protagonista. Un escenario que podría remitirnos a ese mundo de intrigas palaciegas y secretos tan del gusto de Dan Brown –películas que, por descontado, no creo que pretendan ser verosímiles o realistas, más allá del entretenimiento-.

En este caso, las conspiraciones que pueda haber –las justas– son la reacción natural de un clero vaticano a quien, la figura de Pío XIII, le ha roto el saque por completo. Lenny Belardo (dudo mucho que la serie hubiera sido la misma sin Jude Law) es ese Pío XIII, el primer Papa americano de la historia que, a sus 50 años, se ha convertido en el pontífice más joven de los últimos siglos. Pío XIII es un papa atípico, capaz de revelarle a su confesor que a veces le cuesta creer en Dios, enemigo del protocolo y de la falsa sonrisa, y que se niega a mostrarse ante los periodistas o ante las aglomeraciones de fieles características de la plaza de San Pedro. Pero, quién es realmente Lenny/ Pío XIII, es la pregunta clave que, constantemente, despierta este Papa criado por unas monjas cuando fue abandonado, sin razón aparente, por sus padres de niño (los padres de Sorrentino murieron en un accidente cuando él tenía 17 años) y que, pese a su aparente arrogancia y egoísmo, esconde el desconsuelo de quien es arrojado al mundo sin ninguna explicación y hace, de cada segundo en la tierra, una búsqueda sin cuartel por encontrar el sentido a todo, o a algo, lo que sea; y que a pesar de la luz o la oscuridad a los que esa búsqueda le arrime, siempre empieza y termina en el anhelo de amor de unos padres.

Ya va quedando claro que a Sorrentino le gusta trabajar con personajes de edad madura, quizá porque con ellos pueda tomar esa perspectiva vital, ese aliento que hay en su cine con unos personajes a los que les pesan los recuerdos, las pérdidas, la vida; sentimientos ante los que tendrán actitudes distintas: la sensibilidad como vía de escape (La Gran Belleza), la necesidad de reponerse (La Juventud) o, como en The Young Pope, la fe y la duda como diálogo de búsqueda. No extraña ese choque de fuerzas opuestas; fe y duda, paz y temor, luz y oscuridad, que plagan la serie, pues en esa contradicción es donde las acciones del joven Papa, hallan su expresión más humana. No faltará quien, atraído por la imagen de un Papa que fuma o se pasea con la mitra y unas Ray Ban, haga juicios precipitados sobre las verdaderas intenciones de Sorrentino y la aborrezca sólo por el hecho de pensar que ésta será otra irreverencia más, o cuando menos, un retrato ignorante e innecesario. Quien le dé una oportunidad a la serie entenderá, sin embargo, las palabras de Sorrentino sobre la cuestión de cómo afectará a los católicos: “la he hecho con respeto. El que tenga la paciencia de aguantar hasta el final verá que es un trabajo honesto”.

La puesta en escena del italiano juega –como de costumbre– al efecto impactante de las imágenes: un Papa interpretado por… ¡Jude Law! O sin ir más lejos, los títulos de crédito en los que el joven Papa recorre un pasillo ficticio con las pinturas más emblemáticas de la vida de los santos, mientras la luz que ilumina al principio como una estrella se va transformando en fuego que arrasa con todo lo pasado coronándose con un guiño del Papa a cámara. Y tantas otras imágenes con vistas a impresionar, de cara a conseguir un doble efecto: por un lado, la revolución que la elección de Lenny ha traído: un liderazgo nuevo que concilie esa difícil convivencia entre lo antiguo y lo moderno; y por otro, crear un tono irónico que es la clave de sol con la que mirar toda la serie.

Con ella, Sorrentino parece justificar la elección de este Papa como su protagonista, no para preguntarse qué pasaría si alguien así de revolucionario llegara a Pontífice y qué efectos tendría eso para las personas de cualquier credo, o si tiene sentido una institución como la Iglesia a día de hoy; sino, más bien, pensando, ¿qué mejor personaje que el Papa para encarnar ese conflicto? Esas dudas, esas pérdidas que sufren los personajes –y algunos pierden, y pierden mucho–, esa necesidad del humor frente a lo trágico aparecen todas integradas en ese discurso del noveno episodio de un Papa que los ha ido conquistando, poco a poco, a todos. Todo en esta serie, la fotografía y los movimientos de cámara, la música tan peculiar como ajustada, el montaje, los movimientos y líneas de cada personaje se funden en esa marca-de-la-casa de Sorrentino por encontrar siempre el ritmo adecuado, el latido de las cosas.

The Young Pope, pese a sus imperfecciones, es una serie que a uno le deja con una reflexión y una sonrisa.

Link a la película del 2016 para Javier Fernández: Mi película del 2016: La llegada

Link a otra gran serie del 2016: Stranger Things

HBO España

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Alfredo Andreu

Probablemente, ya está todo escrito. Por tanto, mi opinión es irrelevante. Mi única intención al escribir es vencer la pereza y sacar alguna idea en claro. Soy muy de merendar.
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