nun

He hecho una cosa. He realizado la siguiente búsqueda en Twitter: ‘La única Iglesia que ilumina es la que arde’. Y me sale un tuit por hora, aproximadamente.

He hecho otra cosa. He buscado, también en Twitter: ‘Cristianos Mosul’. Y sale un tuit cada tres horas, más o menos.

Imagínate que me he levantado esta mañana con un pitido en los oídos que no me dejaba retozar los cinco minutos más que saben a néctar y miel. Imagina que he apagado el despertador desbocado como si se tratase de una bomba nuclear a punto de eclosionar. Que sentado en la mesa reviso el periódico, mientras la cafetera comienza a hacer el ruido de todas las mañanas. Algo más espabilado he salido a la puerta de casa. Y efectivamente, ahí siguen el jardín, el pequeño columpio de plástico que le compré con ilusión a mi hija, la caseta del perro que huyó días atrás, las plantas silvestres que tengo que arrancar en cuanto pueda.

Sigue imaginando y mírame. Me dispongo a ir al trabajo, como cada día. Salgo a la calle y veo una pintada en la puerta de casa, con spray rojo, como las antiguas manchas de sangre que anunciaban la salvación para unos pocos hebreos en Egipto. Han dibujado una ‘n’ en árabe. Nos llaman nazarenos. Se ha cambiado la sangre de cordero por pintura sintética, y el anuncio salvador por la condena inminente. Los dos lo sabemos, no será mi casa la que quede intacta.

Vente conmigo, todavía no hemos terminado. Llego al trabajo intranquilo, mi coche no está marcado, pero dudo mucho de su seguridad. Aquí trabajamos doce. Seis me miran con mala cara, cuatro con pena, uno con condescendencia. Mi piel sigue siendo del mismo color, mi estatura igual de mediocre, mi traje igual de cuidado. No sé qué es lo que les sorprende hoy.

Mis empleados me dicen que han venido a marcar mi negocio, una pequeña distribuidora de especias, y que han dado un ultimátum. O desaparezco de la gerencia o los once se quedarán sin trabajo. Sin un trabajo que, por otro lado, les he proporcionado yo.

[…]

 Ha pasado una semana y nos encontramos, tú y yo, en un camión cuyo único destino es la huida. Solo vemos el polvo que levantan las ruedas de este mastuerzo. A mi hija la violaron y la mataron delante de nuestros ojos, mientras mi mujer yacía, ya sin aliento, en el jardín. Mírame a los ojos, llevo dos semanas durmiendo cuando ya no puedo aguantar más la consciencia. Mírame a los ojos una vez más y dime, dímelo, por favor, que la única Iglesia que ilumina es la que arde.

The following two tabs change content below.

Luisfer Martínez

Me gusta pensar. A veces lo hago bien y otras no tanto, pero me gusta pensar. En "pensar" incluyo especialmente pensar con gente, no solo, porque cuando uno piensa solo piensa mal.
Shares