putos_catolicos

Si hay algo que queda claro en la historia de la humanidad es que el odio no lleva a ningún sitio. De hecho la pasividad tampoco lleva a ningún sitio. Solo hay una forma de cambiar las costumbres, de mejorar lo que está a nuestro alrededor: el sacrificio gratuito.

Estamos tan desnortados, hablo por mi generación, que no conseguimos preguntarnos por el porqué. Cuando estudias asignaturas que no te aportan nada personal, cuando la cultura no es más que una línea divisoria entre clases sociales y cuando la carrera que estás a punto de terminar ni siquiera te asegura un oficio digno, el futuro empieza a carecer de sentido.

Y no se nos ocurre otra cosa que centrar nuestros esfuerzos en el sistema. Como si la potencia del grifo tuviese algo que ver con la calidad del agua.

Me encanta que estemos indignados. Y que nos cuestionemos qué pasa entre los que mandan. Pero estamos equivocados en los objetivos.

Ayer, en el metro, oí cómo se zanjaba una discusión con el aforismo ‘putos católicos’. Al principio me chocó, pero es una expresión perfecta. Putos católicos.

Imaginemos que el Estado, mediante la educación y no sé cuántas leyes orgánicas, consigue erradicar la profunda ignorancia de los creyentes. Superar las religiones no nos ofrece nada nuevo. Cada hombre se arroja a la realidad con la mochila de la soledad, que en numerosos casos se llena de artefactos como la familia o los amigos. Pero quedémonos solos frente al mundo. Incluso en esa situación, de libertad absoluta, necesitamos a los demás para poder ejercerla. Un rey no es nadie sin su reino.

Por eso, cuando la política invade, o al menos lo intenta, la esfera de lo privado, solo puedo pensar en eso: putos católicos. No sabéis lo ventajoso que resulta que tu único rey sea de otra naturaleza.

Cuando nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad tienen su fundamento en un sistema político, es demasiado fácil perder las tres virtudes teologales. Ningún partido nos va a hacer tratar distinto a quienes tenemos al lado. Ninguna situación económica tiene algo que decir sobre cómo afrontamos nuestra responsabilidad en la sociedad. Ningún Dios tiene sentido si nos promete la Salvación por nuestra fuerza.

Antes de acabar con las religiones de los demás hay que desprenderse de las propias. El Congreso no es el Cielo.

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Luisfer Martínez

Me gusta pensar. A veces lo hago bien y otras no tanto, pero me gusta pensar. En "pensar" incluyo especialmente pensar con gente, no solo, porque cuando uno piensa solo piensa mal.
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