Un día de 1992, Manolo Escobar entrevistó a Mickey Rourke. Ocurrió durante el programa Goles son amores, que el cantante español presentó en Telecinco durante un año. En un momento dado de la entrevista, Escobar, emocionado como si tuviera delante a un Presidente de los Estados Unidos, hizo la siguiente pregunta con tono de madre preocupada: “Bueno, Maiqui, cuéntanos.  A ver, ¿cómo se compagina ser estrella de Hollywood y boxeador profesional?”.

Rourke bajó la cabeza y se tapó la sonrisa. “Me aburrí de actuar”. Escobar avanzó su culo unos centímetros en la silla y, a punto de estallar de campechanía, dijo sin dudar: “Si te aburres vente a España. Tenemos de todo: romerías, corridas y cacerías. ¡Oh, aquí lo pasamos divinamente!”.

Se produjo una ovación tan descomunal en el plató, que casi se cae el fino decorado de cartón piedra. No es de extrañar. La frase parece que la hubiera estado pensando un año. No le sobra nada. Contundente y breve. Eficaz como un pase de pecho largo que pone en pie a toda la plaza.

Más allá de la fascinación que producen estas perlas rescatadas en YouTube, la escena da que pensar. Es curioso cómo un español reacciona hacia la propio en función del interlocutor que tenga delante. Aquí, entre nosotros, nos pasamos la vida tapando la sevillana de encima de la televisión y el toro de porcelana de la mesa del salón, despreciando el tópico como parodia indigna. Pero es salir fuera, pasar un tiempo alejado de España y toca ejercer el españolismo. Alguien del trabajo organiza una fiesta, suenan unos temas mientras todo el mundo bebe y se divierte. Entonces, alguien pone La Macarena y todos te miran esperando que les des algo puro. Así que tú te pones en el centro, te arremangas un poco, y aun sin tener ni idea, haces la coreografía que todos esperan de ti y recuperas el estado de equilibrio del universo. Lo haces resignadamente y preferirías no tener que ceder al cliché. Pero luego te acuerdas de la tortilla de patatas de tu madre, la paella y el sol del Mediterráneo. Amén de todo el jamón serrano que fuiste capaz de pasar al vacío en el aeropuerto, y comprendes, deportivamente, que eres un grandísimo hipócrita. ¿A qué viene ese recato hacia lo propio? Esos pudores de taparse las vergüenzas cuando a uno le ponen delante del tópico. Queremos sólo una parte: en Misa y repicando.

Pienso en todo esto al pasear por las calles de Córdoba, Málaga, Granada, Ronda, Chipiona o El Puerto de Santa María. Trato de imaginar lo que pensaría Mickey Rourke. Esas calles estrechas con los trajes de sevillanas apretados en fila colgando en alto, como los pasillos de atrezzo de un teatro. (¡Andalucía como la tramoya de España!) En lo fácil que sería apostatar de todo bajo una sobredosis de frenesí ibérico. Pero entonces, uno se sienta frente a un plato de atún rojo en Barbate, que está para echarse a llorar, y te cuentan que se pesca a la manera tradicional de la almadraba: como se ha hecho siempre. Siempre, es decir, mucho antes de que tú nacieras. Todas esas personas, gracias a las cuales estamos aquí, sentados frente a un plato de atún y sardinas, gozando de un verano ibérico. De los méritos que tuvieron que hacer y la vida que se dejaron en estas tierras, se puede y debe sacar algo más que un justo reconocimiento. Un buen antídoto frente a cualquier tentación adánica. 

* NOTA: El video es un recuerdo de esos días con las magníficas guitarras de los Taalbi Brothers. (Sí, es la que suena en Breaking Bad).

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* Recomiendo la lectura de un libro muy breve escrito por Íñigo Dominguez, periodista de El País, llamado Mediterráneo descapotable que en estas fechas, acompañado de un mojito, puede llegar a ser tan placentero como una buena sombra.

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Alfredo Andreu

Probablemente, ya está todo escrito. Por tanto, mi opinión es irrelevante. Mi única intención al escribir es vencer la pereza y sacar alguna idea en claro. Soy muy de merendar.
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